Los colores del pasado que visten a la ciudad

Foto: Agencia Andes

Por: Pablo Cisneros

Quito, 12 may (Andes).- Los habitantes de la ciudad viven dinámicas que muchas veces les  conducen a sublevarse ante las normas, ordenanzas  y les lleva a apropiarse de los espacios públicos, llenándolos de colores, aromas, sensaciones.

Hace años, inició la tarea de sacar de las calles a los negocios informales que se tomaban las plazas y avenidas. Según las autoridades causaban el caos en la urbe. Iniciativa que no minó en las necesidades de las personas que viven del comercio informal.

Las avenida 6 de diciembre, al norte de la capital, se viste de domingo. Eso es lo que pienso mientras cruzo la avenida el Inca hacia el norte. Y es que entre semana nada fuera de lo común ocurre. Empleados presurosos entrando y saliendo de sus oficias, lubricadoras que se pelean por los clientes, uno que otro borrachín que  recostado en la vereda se dora ante los inclementes rayos del sol andino, etc.

Pero el domingo el sitio se trasforma. Las puertas de los locales se cierran, mientras los parqueaderos, patios y veredas se convierten en un mercado de pulgas.

Entrar a este lugar es como regresar en cierta forma al pasado. Hay la posibilidad real de hallar eso que siempre quisiste tener y nuca lo encontraste.

Unos teléfonos de discar, de los utilizados en la década de los 80`s me llaman la atención, también un niño que juega con un disco de carbón, de esos que encontrar es una hazaña.

Todo vale para mostrar la mercadería: mesas, cajas, ventanas, automóviles o la misma vereda. La gente se apropia de los espacios públicos, los hace suyos,  Desafía a las normas con colores saturados de pasado. La gente se zambulle en las montañas de ropa como queriendo encontrar algo que nadie sabe.

-No es robado nada, son cosas que la gente vende por paquete o por unidad, aunque generalmente compramos por bulto-  dice una mujer que vende peluches, algunos nuevos, otros con las huellas de juegos salvajes.

Para ponerle sabor a la mañana, deambulan los vendedores de cevi-chochos, papas con cuero, granizados, jugos, sándwiches. Para todos hay.

En ciertos parqueaderos están organizados y cobran una cuota para pagar el alquiler del lugar, en otros, el requisito para tomarse el espacio es madrugar.

El lugar, el momento, el pulguero, encanta a la gente. Totalmente seducidos por la curiosidad y los precios “de risa”, los clientes se disputan las prendas.

Son las 13:00, las camionetas empiezan a cargar la mercadería que no se fue. En el transcurso de una hora, el lugar va quedando desierto, preparándose para recibir al lunes que avanza rápido.

El próximo domingo habrá nueva mercadería, mejores ventas, Todo iniciará de nuevo, todo será mejor. La esperanza de la gente, siempre se aplaza. 

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