En los arrozales los agricultores ignoran cómo controlar al caracol manzana (Video)

Fotos: Andes

Por: Jorge Barona / Andes

Guayaquil, 06 ago (Andes).- El suelo cruje al caminar por los alrededores del arrozal de Mariano Meléndez. El angosto camino, que es a la vez un muro que comunica a las distintas parcelas, también es un cementerio de conchas vacías y negruzcas que se confunden con el cascajo.

Son los restos de miles de caracoles manzana que murieron por efectos de los químicos que aplicó Meléndez a su sembrío ubicado en el recinto La Rodríguez del cantón Babahoyo, en la costera provincia de Los Ríos.

Sin embargo, a pocos centímetros de ese cementerio resurge la vida de este molusco. En medio de la maleza hay cientos de huevecillos con su característico color rosa que se convertirán pronto en nuevos caracoles y que cumplirán con su nociva tarea para la agricultura.

Son las 10:00 del pasado miércoles y en el predio de Meléndez se apura un tercer replante del arroz, porque los dos primeros prácticamente se los comió el molusco. “Es impresionante como se reproduce este animalito y en una noche arrasa rapidito con toda la planta. Esta plaga nos está mandando a la ruina”, manifiesta el hombre con el típico acento del hombre de campo de la costa ecuatoriana.

En las inmediaciones, el panorama es similar: cultivos con unos pronunciados claros, señal de que actuó el caracol. Mientras, los huevecillos están regados por las paredes de los canales de riego y en partes secas, donde el caracol hace sus posturas.

Este panorama mantiene alarmados a los agricultores de la zona, así como a productores de otras provincias como Guayas, Manabí, El Oro, donde el caracol está provocando severos daños a la agricultura sobre todo del arroz, uno de los principales componentes de la canasta básica de los ecuatorianos.

Aunque hay distintas versiones tanto de agricultores como de los técnicos del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap) sobre cómo ingresó esta especie al Ecuador (una de las 100 más peligrosas del mundo, según la Organización de las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación), ellos coinciden en que fue en el 2005 y que en los últimos siete años pasó a ser una de las principales amenazas para la soberanía alimentaria del país.

Una de las teorías sobre la presencia del caracol manzana es que se lo trajo para criarlo en cautiverio y usarlo para la elaboración de productos cosméticos, como alimento de exportación o mascotas, pero al no tener los resultados esperados, los tenedores de estos moluscos los abandonaron en canales y sistemas de irrigación, donde se propagaron inmediatamente por las distintas áreas del trópico ecuatoriano.

Uso de insecticidas, el daño es mayor

Pero la propagación del molusco no fue el único problema, el mayor daño fue causado por el propio agricultor. La desesperación al ver sus terrenos invadidos de este animal y al no tener conocimiento sobre las formas de controlarlo, el campesino cayó presa de comerciantes de productos agroquímicos que les vendieron insecticidas para combatir la plaga, cuando lo correcto era aplicar molusquicidas.

Esta acción originó un daño al ecosistema, puesto que el veneno arrasó con insectos benéficos como la araña, los chapuletes, la avispa y otros que protegen al arroz de otros organismos malignos como la sogata, causante de la cinta blanca y otras enfermedades para los cultivos. Esto derivó en una baja producción y que los precios se disparen de 33 a 39 dólares por quintal. 

Además, estos potentes insecticidas al llegar a los esteros, canales y ríos causaron la muerte de peces como el guanchiche, damas, viejas y otras especies de agua dulce, que están entre los principales alimentos de los campesinos costeños.

Y los agroquímicos no solo afectaron a los cultivos y peces, sino que casi acaban con el gavilán caracolero, ave que se constituye en el principal depredador natural y que se envenenó al ingerir estos moluscos contaminados.

Por eso, el pasado lunes, Julio Carchi veía con emoción un gavilán que sobrevolaba los arrozales de la Junta de Usuarios América Lomas, en el cantón Daule, en Guayas, algo que ya no se veía con frecuencia en el último año. “Ojalá vengan más gavilanes”, repetía con voz de esperanza.

Carchi, quien es presidente de esta Junta, que abarca 17.000 hectáreas de arrozales, admite que el uso indiscriminado de los agroquímicos destruyó la fauna de la zona.

Este dirigente manifiesta que la principal recomendación que están haciendo a sus compañeros productores es que ya no utilicen más los productos como Endusolfan y Furadan, que son altamente tóxicos y que incluso han sido prohibidos en 50 países.

Un equipo de esta Agencia recorrió por algunos locales de venta de estos pesticidas y sus propietarios dijeron que no tienen a la venta el Endusolfán. No obstante, en las inmediaciones de los sembríos es común ver los restos de envases con estos pesticidas.

Luis Sánchez, especialista de la Agencia Ecuatoriana de Aseguramiento de la Calidad del Agro (Agrocalidad), explica que en el país rige la resolución 178 de diciembre del 2011 que prohibió la introducción de estos potentes tóxicos y los que habían en stock deberán acabarse hasta diciembre próximo.

“Desde el 1 de enero del 2013 no se podrá vender este producto y haremos los operativos para requisarlos”, enfatiza el técnico. No obstante reconoce que aún se siguen vendiendo esos productos y que, al estar escasos, han subido de precio de 8 a 20 dólares el envase de un litro.

Parcelas demostrativas

La preocupación de los agricultores se trasladó a las autoridades del Gobierno que han adoptado medidas no para erradicar sino para aprender a convivir con el caracol y que no se produzcan más daños como los registrados en la cosecha de invierno de este año, en que se afectó un 40% de las 350.000 hectáreas de arroz que tiene el país.

Kléber Yagual, especialista en el cultivo de arroz del Magap, señala que el caracol manzana una vez que se establece es muy difícil erradicarlo. Menciona, por ejemplo, que en países como Filipinas, Japón, China y otros asiáticos el animal tiene más de dos décadas y no se ha conseguido eliminarlo.

Más bien en esos lugares se han aplicado técnicas para mantenerlo controlado y que cause el menor daño posible a los cultivos. Por ello, autoridades del Magap, Agrocalidad, Iniap y los ministerios de Salud, Ambiente y Educación emprendieron en un plan de socialización de las medidas preventivas para evitar un mayor azote de la plaga.

El proyecto ha sido llevado al campo con la instalación de las denominadas parcelas demostrativas. En el país se establecerán diez de este tipo en las principales zonas arroceras. En Guayas ya existe el primer cultivo de dos hectáreas ubicado en los terrenos del Plan América Lomas, de Daule.

Allí se implementa una técnica que consiste en hacer una especie de vivero donde se deposita la semilla en un suelo fangoso sin agua. Allí se espera que la planta crezca de 26 a 30 días y luego se la retira y se la replanta en el resto del predio también en terreno con lodo. Posteriormente se aplica el agua de una manera controlada.

Yagual explica que este molusco prefiere atacar a la planta tierna y si esta cuenta con 26 días de crecimiento está más fuerte y no es tan apetecible para el caracol. Asimismo al no haber agua el animal no está en medio donde puede sobrevivir o reproducirse, por lo que busca enterrarse para huir del calor que le provoca la muerte.

El técnico señala, además, que otra técnica que se aplica en la parcela demostrativa es nivelar los suelos con maquinaria, a fin de que no queden huecos donde se acumule el agua y evitar así la reproducción del molusco. Si quedan huecos habrá que aplicar metaldehídos (molusquicidas) en cantidades controladas, agrega Yagual.

Olga Calle, técnica de la Estación Litoral Sur del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), señala que este cultivo experimental ha dado buenos resultados y se espera en tres semanas realizar la cosecha con una producción de la gramínea de 70 quintales por hectárea, que es el promedio normal.

La especialista indica que esta escuela de campo se desarrolla con la participación de los líderes del Plan América Lomas, con la finalidad de que repliquen las técnicas aprendidas a los demás productores.

César López, presidente del Centro Agrícola del cantón Samborondón, en Guayas, cree que las recomendaciones pueden dar resultados, pero para ponerlo en práctica en los campos es necesario el apoyo del Gobierno con créditos blandos para los pequeños productores.

Además sugiere la creación de un Centro de Mecanización, donde el pequeño agricultor pueda tener acceso a la maquinaria para hacer la nivelación del terreno, tal como lo recomiendan los especialistas.

“Si no tenemos ayuda, difícilmente vamos a combatir la plaga”, refiere el agricultor de Samborondón, cantón que cuenta con 26.000 hectáreas de arroz y cuya población en un 90% se dedica al cultivo de esta gramínea.

 López asegura que la presencia del caracol hizo que los costos de producción se incrementaran de 1.200 a 2.000 dólares por hectárea cultivada, ya que se incrementaron gastos de mano de obra, químicos y replantación.

Carchi, en cambio, solicita al Gobierno que facilite la llegada de expertos asiáticos para que compartan sus experiencias de control del caracol y aplicar esos conocimientos a los cultivos.

Mientras tanto, Luis Alvarado, ajeno a las reuniones de autoridades y parcelas demostrativas, hace las labores de soleado (secar el arroz al sol) en una piladora del cantón Santa Lucía, en la provincia del Guayas. Este trabajador que dispersa la gramínea en cáscara por una explanada de cemento, bajo el intenso calor de las 15:00, dice que últimamente no ha tenido mucho trabajo porque está llegando poco arroz para el secado.

“Mis amigos agricultores dicen que es por el caracol que está baja la producción”, expresa Alvarado, quien gana un dólar por el secado de cada quintal de arroz. “Hace poco me hacía 15 dólares y ahora me gano 8 al día”, concluye este hombre, quien espera que la cosecha veranera (octubre y noviembre) le deje más trabajo.

La salud en riesgo por los caracoles manzana y africano 

En el recinto La Huaquilla, vía Babahoyo-Montalvo, hay preocupación. Los moradores comentan sobre la enfermedad que afectó a dos menores de esta zona rural y que le provocó ceguera parcial.

Luigi Martini, director del Laboratorio de Parasitología del Instituto Nacional de Higiene (INH), ratifica que los menores fueron afectados por el nemátodo angiostrongylus cantonensis, que está en los caracoles manzana.

Los casos de los chicos de 10 y 16 años forman parte de los 100 de meningoencefalitis eosinofílica detectados desde el 2008 hasta la fecha y que han causado la muerte de tres personas, agrega Martini.

El médico recomienda no manipular, utilizar la baba y peor ingerir los caracoles manzana que, incluso, se los encuentra en los jardines de las casas en las zonas urbanas. Hay que desecharlos con la protección de guantes.

El médico es enfático al señalar que ya es hora de que en Ecuador se creen leyes y ordenanzas que tengan como finalidad involucrar a la sociedad en la eliminación de esta plaga. Cita, por ejemplo, el caso de Estados Unidos, donde es delito federal poseer a estas especies.

“Más que hablar de medicinas para combatir la meningitis lo importante es crear conciencia de prevención. Si no se toman medidas en ese sentido estas dos especies de caracoles van a devastar la agricultura del Ecuador”, sentencia el parasitólogo.

Algunas recomendaciones

Luis Castro, director agropecuario de la Zona 5 del Magap, recomienda hacer la recolección manual (protegido con guantes) de caracoles, colocarlos en una funda y ponerlos en un terreno seco al sol, donde morirán por deshidratación.

Se sugiere, asimismo, colocar mallas en las entradas y salidas de agua de riego de 1.5 a 1.8 milímetros para capturar a los animales más grandes y posterior a esta una de 0.5 milímetros para que no pasen los más pequeños.

No limpiar toda la vegetación de los muros de protección de los arrozales para permitir que los caracoles pongan sus huevos allí y no en las hojas del arroz y así será más fácil la recolección de las posturas.

Preparar trampas de frutas pero rodeadas de sal, de tal forma que el caracol al pasar por este último elemento la absorba y luego muera por deshidratación.

El caracol africano (Achatina fúlica) puede medir hasta 40 centímetros, se desarrolla en terrenos tropicales y devora cualquier tipo de planta. El nativo, denominado manzana (pomácea canaliculata) se desarrolla en agua dulce y de corrientes lentas, puede llegar a medir hasta 20 centímetros.

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