Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV), futuro de la niñez ecuatoriana

Aurora Ninabanda, madre comunitaria, sostiene que los niños de 0 a 3 años, en los Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV), aprenden jugando. Foto: Víctor Hugo Asencio / Andes

Guayaquil, 17 mar (Andes).- “¡Bolita de chicle!” gritaron sonrientes Brittany, Matías, Georgina, Paulette, Ana Paula, Kenia, Gerald y Tyra, mientras posaban para nuestro fotógrafo. Los infantes, cuyas edades fluctúan entre los 2 y 3 años, reciben atención temprana en el Centro Infantil del Buen Vivir (CIBV) “Sagrado Corazón de Jesús”, ubicado en el Guasmo Sur, cooperativa Stella Maris.

El mencionado CIBV, ubicado junto a la iglesia de la zona, es parte de los 3.638 centros de atención infantil que funcionan en el Ecuador y que el Gobierno ecuatoriano busca adecentar. Además, entre el 2013 y 2016 se tiene previsto construir 1.000 CIBV emblemáticos en todo el país, de los cuales 220 deberán estar listos a finales de este año, con el objetivo de contribuir al mejoramiento de los niveles de desarrollo integral de los niños y niñas de 0 a 3 años.

¿Por qué los pequeños gritan bolita de chicle?, preguntamos. “Para evitar la palabra whisky, usada por adultos cuando se los quiere conminar a reír ante una cámara”, responde Aurora Ninabanda Hernández, promotora o madre comunitaria con quince años de experiencia en la atención y cuidado de niños.

La mujer, de 45 años, recuerda que su pasión por los niños nació hace 25 años, cuando empezó a dejar a su hija de 1 año de nacida en la guardería de una fundación de Guayaquil. Ella fue madre soltera y necesitaba trabajar.

El rostro de tía Aurora, como la llaman los pequeños que cuida, luce cansado, pero solo es percepción. La mamá comunitaria ríe siempre y agita sus manos para explicar las actividades de estimulación que los infantes realizan en el salón lúdico de 3x6 metros lleno de cubos y rompecabezas.

La promotora forma parte del CIBV de la Stella Maris desde hace ocho años. Siete años antes trabajó en una escuela y en la guardería de la Policía en la ciudad porteña. ¡Quién soy yo!.. La tía Aurora, vocean los infantes. ¡Cómo se despiden!.. Una bolita, una manzana, tía Aurorita hasta mañana, responden los niños.

La tía Aurora actualmente cursa el tercer año de la carrera universitaria para educadora de párvulos. Su esfuerzo es reconocido por el Estado, el cual les permitirá asociarse para administrar los recursos que se entregan para la alimentación de cada niño.

Las asociaciones de madres comunitarias facultan a estas a seguir al frente de los CIBV y determinar sus salarios, acceso a la seguridad social y todos los beneficios de ley.

Además, en febrero el MIES y la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), receptó las inscripciones de las promotoras para que puedan estudiar la carrera de tecnología en desarrollo infantil integral, la cual tendrá una duración de tres años, bajo la modalidad dual, es decir que combinarán los estudios teóricos con las prácticas en los centros infantiles.

Rosa Elena Báez, coordinadora del CIBV Sagrado Corazón de Jesús, destaca que los padres de los 75 niños atendidos en el centro infantil, consideran al sitio como la segunda casa de sus hijos. “Diez promotoras cuidan a los niños. Siete tratan directamente con ellos y tres se dedican a preparar los alimentos. Cuatro comidas al día les damos”.

Báez resalta también el papel en el rescate de valores que cumplen las madres comunitarias, tomando en cuenta la obligada desintegración de las familias ante el fenómeno social de la migración. “Hay niños que son criados por los abuelitos, los tíos, primos, etc. Eso no es normal y por eso les inculcamos el amor a los padres, pese a sus ausencias”.

El trabajo de los CIBV desborda sus paredes e inunda a la comunidad. El respeto al prójimo es infundido entre los moradores de las zonas donde están los centros infantiles. Nada de insultos ni vulgaridades. “La respuesta ha sido buena durante los talleres de seguridad y salud en la cooperativa Stella Maris y Sandino No. 3. Tenemos mucha acogida”, se congratula Báez.

En los próximos días, el CIBV Sagrado Corazón de Jesús, pasará a un nuevo local emblemático. La infraestructura, levantada a un costo de USD 309.000, contará con área de enfermería, cinco aulas, comedor, tres espacios verdes de recreación y baños para 60 infantes. 

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