Cumplir las promesas de campaña y evitar la ruptura, los nuevos desafíos de Alianza PAIS (Última entrega)

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La última reunión del buró político de Alianza PAIS con el expresidente Rafael Correa se registró el pasado 13 de junio. Foto: @GabrielaEsPais

Guayaquil, 23 ago (Andes).- Durante la campaña electoral y luego del apretado triunfo electoral del 2 de abril, el ahora presidente de la República, Lenín Moreno, insistió en que impondría su estilo de gobernar y que llamaría a un gran diálogo nacional, incluso con sectores de oposición, en un esfuerzo por reconciliar a un país polarizado.

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Ecuador salía de una década bajo el mandato de Rafael Correa, líder del proyecto político de la Revolución Ciudadana, quien con su estilo de gobernanza y de comunicación había creado simpatías pero también fuertes resistencias, sobre todo en sectores de la derecha.

Desde el mismo día de su asunción al poder, Moreno anunciaba que no habrían más enlaces ciudadanos sabatinos, que se constituyó durante la era de Correa en la principal herramienta para rendir cuentas de su gestión y desmentir el discurso de opositores y de sectores mediáticos.

Moreno, también, anunciaba la supresión de los ministerios coordinadores, el indulto a personajes enjuiciados durante el gobierno anterior, la revisión de Ley de Comunicación, el acercamiento con los medios de prensa tradicionales y que su gabinete estaría conformado por grupos diversos.

Si bien los dirigentes no lo reconocían abiertamente, estos anuncios desataron una serie de comentarios, principalmente en las redes sociales, entre la militancia que estaba a favor de esas medidas y la que las rechazaba.

En la línea de los diálogos, Moreno mantuvo en los primeros meses encuentros con líderes de distintas agrupaciones políticas, entre ellos el alcalde de Guayaquil, del opositor Partido Social Cristiano; Abdalá Bucaram, hijo del exmandatario del mismo nombre; y, la dirigencia de Pachakutik, a la que le entregó en comodato por 100 años la sede en Quito.

Estos encuentros provocaron las primeras reacciones del expresidente Rafael Correa, quien cuestionó, sobre todo, el encuentro con Bucaram, cuya familia durante la campaña se dedicó a ofender con fuertes epítetos a los principales dirigentes de Alianza PAIS, entre ellos el vicepresidente Jorge Glas.

Posteriormente, Correa y la directiva del movimiento oficialista denunció que a propósito de los diálogos se estaría cediendo en los principios ideológicos. Se puso como prueba un supuesto pacto para entregar la administración de las eléctricas, uno de los sectores que más ingresos genera al fisco, a la familia Bucaram.

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Sin embargo, la pugna entre los líderes del movimiento se agravó cuando el presidente Moreno, en una cadena nacional, presentó las cifras de la deuda pública dejada por su antecesor y las medidas económicas para recuperar la economía, con lo que sustentaba sus declaraciones de días pasados cuando señaló que no le habían dejado “la mesa servida”, en alusión a las cuentas fiscales.

Esto provocó las aclaraciones del exmandatario Correa a través de las redes sociales desde Bélgica, donde se encuentra con su familia, en las cuales desmintió las aseveraciones de Moreno en cuanto a la deuda pública y advirtió que con este escenario se buscaba justificar un probable “paquetazo” de medidas económicas.

Al mismo tiempo, el ambiente político se caldeaba con las revelaciones en el marco de las investigaciones de corrupción, especialmente en la trama conocida como Odebrecht, en las que se mencionaba, sin contar hasta el momento de la redacción de este reportaje con pruebas documentales, al vicepresidente Jorge Glas.

Fue a propósito de estos hechos que se produjo la ruptura entre los mandatarios el pasado 2 de agosto con la publicación de una carta pública del vicepresidente, en la que cuestionó las acciones del presidente Moreno, quien por su parte, al día siguiente le retiró las funciones asignadas por considerar que fue una carta “grosera” del segundo mandatario.

En medio de ese cisma, el bloque de 74 asambleístas de AP en un esfuerzo por calmar la tensión emitió el 4 de agosto un pronunciamiento en el que exhortaba al dialogo a sus líderes y que sus comentarios “jamás pongan en riesgo” al proyecto político, del cual podían sacar provecho sus reales adversarios.

También se comprometieron a emprender en acciones inmediatas para facilitar el restablecimiento de una relación política basada en los postulados del proyecto político. Garantizaron, además, la lucha contra la corrupción, el respaldo a la política pública del mandatario y no caer en las prácticas del “viejo país”, como la aceptación de mecanismos de compra de conciencias y cooptación.

La analista política y una de las fundadoras de AP, Aminta Buenaño, considera que lo que ocurre en el movimiento oficialista se debe a que el país pasó de un presidente enérgico, confrontador y mediático a un mandatario reflexivo, dialogante, que desea gobernar sin que se lo sienta.

“¿Uno es mejor que otro? No. Diversos en la unidad. Son dos caras de una misma moneda. Son distintos y cada cual tiene su estilo pero ambos enmarcados en la línea de conducta social que votaron la mayoría de ecuatorianos”,  escribió en el diario público El Telégrafo.

El historiador Jaime Galarza, por su parte, da por hecho un escenario de ruptura. “Alianza PAIS está rota. A poco de la victoria obtenida el 2 de abril, la más importante organización política ecuatoriana se rompió en varios pedazos, principalmente en dos: los seguidores del fundador y declarado presidente vitalicio del movimiento, Rafael Correa, y los seguidores del flamante mandatario Lenín Moreno”.

El también escritor lamenta que esta ruptura esté causando desconcierto, decepción y alejamiento de militantes y simpatizantes a escala nacional.

No obstante de ese escenario, Buenaño es optimista y llama a la militancia a tener paciencia y dar un espacio a Moreno para gobernar. “Seamos sensatos, seamos prudentes y seamos, especialmente, pacientes. Cuidado la división es peligrosa: es suicida. Torna un vendaval lo que debió ser una ligera ventisca. Toda comparación es odiosa, porque el mundo es diverso y hay muchas maneras de hacer lo mismo de diferentes modos. Paciencia, dejemos hablar al tiempo”.

Como dice Buenaño, la paciencia y prudencia permitirán a Alianza PAIS cumplir los desafíos que le impone el futuro inmediato: cumplir con sus promesas de campaña de entregar bienestar a los 16 millones de ecuatorianos y quizá, el más complicado desde su creación, continuar siendo la mayor fuerza política. El tiempo lo dirá.

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