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Los diablos desfilaron, bailaron e hicieron travesuras en las plazas de la capital ecuatoriana

20 de Enero de 2017 - 10:40

Todos se reunieron en el Primer Encuentro Etnográfico del Ecuador “Los Diablos se toman La Mariscal” en el que participaron los diablos de Píllaro, los de hojalata de Riobamba, los de Jujan con sus mojigos (Guayas), los Aya Humas de Imbabura, los de Alangasí y los de Cantuña, de Quito.

Por Dayana Vinueza

Quito, 20 ene (Andes).- La fiesta de los diablos en Quito arrancó este jueves en el centro histórico, más de 200 diablos de diferentes parroquias y ciudades del país recorrieron las plazas de Santo Domingo, San Francisco, la Independencia y del Teatro acompañados de bandas de pueblo que amenizaron su paso por la capital.

A las 10:00 arrancó el desfile que duró cerca de dos horas y en el que turistas nacionales y extranjeros pudieron admirar de cerca algunas de las tradiciones y ritos que cada una de las Diabladas posee. Así, mientras que los diablos de Píllaro, con látigo en mano, amenazaban a la gente para que se porte bien, los Aya Huma de Imbabura bailaban alegres en medio de los asistentes representando a la tradicional fiesta de la cosecha.

Todos se reunieron en el Primer Encuentro Etnográfico del Ecuador “Los Diablos se toman La Mariscal” en el que participaron los diablos de Píllaro, los de hojalata de Riobamba, los de Jujan con sus mojigos (Guayas), los Aya Humas de Imbabura, los de Alangasí y los de Cantuña, de Quito.

Montado en su caballo, el diablo de Jujan, uno de los más bondadosos porque regala caramelos a la gente, desfiló en compañía de los mojigos, personajes divertidos y risueños que van disfrazados con máscaras de monos,  calaveras, demonios y otros animales, y que durante el desfile sacan a bailar a las personas que los observan.

La tradicional fiesta en el cantón Jujan (provincia de Guayas) se celebra en agosto en honor a San Agustín y forma parte del legado que el fundador de Jujan, José Domingo Delgado, dejó a su pueblo en 1930 cuando se realizó la primera presentación de los mojigos.

El diablo de Jujan, montado en su caballo, desfiló por las plazas del centro histórico. Foto: Andes

Un poco más “heavies” los diablos de Alangasí desfilaron con sus clásicas camisetas de bandas de metal como Motorhead o Iron Maiden, otros con sus cuerpos pintados y botas vaqueras, así como con máscaras un poco aterradoras, que espantaron a algunos niños.

Estos diablos, que salen en la parroquia de Alangasí (provincia de Pichincha) durante la Semana Santa, representan a pecados como la lujuria, la envidia, el adulterio, así como los vicios de la droga y el alcohol, es por ello que aparecen durante esta celebración religiosa, al final Dios es el que vence a estos demonios en un ritual que culmina el domingo de resurrección.   

Los de hojalata y payasos de Santa Rosa (Riobamba) bailaron en compañía del niño Jesús. Su fiesta tradicionalmente se celebra durante la época navideña en los llamados Pases del Niño. Estos son más elegantes, caminan al ritmo de un sonajero fabricado con pequeñas piezas redondas de metal. Su traje está compuesto por un pantalón negro, zapatos de charol, una leva roja y azul de terciopelo. La cabeza está envuelta con un pañuelo y sobre este, se colocan una trenza larga de cabuya y una careta de lata con el rostro de un diablo colorado.

Los diablos de hojalata de Riobamba celebran el nacimiento de Jesús. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Quito fue representado por los diablos de Cantuña, que hacen referencia a una de las leyendas más conocidas de la capital que se dio durante la construcción de la Iglesia de San Francisco., una de las piezas del centro histórico quiteño.

Esta leyenda cuenta como el indígena Cantuña hizo un trato con el diablo para que a cambio de su alma él junto a sus demonios construyeran la iglesia en una noche, sin embargo, el ingenioso Cantuña escondió una piedra para que la obra nunca fuera terminada y el diablo no se llevara su preciada alma.

Los Aya Humas son los diablos del mundo andino que salen en junio durante el Inti Raymi, una de las cuatro fiestas andinas que celebra a la época de la cosecha. Sus colores vivos simbolizan la wipala o bandera del arco iris que representa todas sus luchas, la máscara, tiene dos rostros, que representan la dualidad del mundo andino, es decir, el pasado y futuro, el día y la noche.

Mientras que los diablos de Píllaro, que celebran sus fiestas del 1 al 6 de enero suelen andar con látigos como señal de amenaza a los pecadores, tradicionalmente su fiesta iniciaba el 28 de enero durante el Día de Inocentes y estos diablos solían atrapar a sus “víctimas” para castigarlos, ahora también bailan al ritmo de la música e invitan a danzar.

Uno de los tradicionales diablos de Píllaro desfila por la plaza Foch con su látigo en mano. Foto: Micaela Ayala V./Andes

En la noche la Diablada se trasladó a la conocida Plaza Foch, zona rosa de la capital ubicada en el barrio de La Mariscal, que quedó completamente abarrotada tanto de diablos como de asistentes que querían ver de cerca los rituales de estos personajes. 

Los diablos de hojalata llegaron al lugar con unos candelabros de fuego que acompañaron su danza tradicional mientras que los pillareños llegaron desde todos los frentes y se instalaron en la plaza para realizar su tradicional baile junto a sus guarichas (hombres disfrazados de mujer) en medio de la gente, y los de Alangasí hicieron de las suyas con luces, fuego y juegos pirotécnicos que pusieron el toque más prendido de la velada.

Francisco Castro, lleva 18 años disfrazándose como diablo en Alangasí, el comentó a Andes que es una tradición que se trasmite de generación en generación y que se hace de puro corazón. “Es un sentimiento muy grande que no se puede explicar y que lo llevamos en el corazón”, señaló.

Dice que la celebración es en Semana Santa porque los diablos representan la maldad y al final de la fiesta el bien vence al mal. Esto se demuestra en algunos rituales como cuando cuelgan a un monigote en medio de la plaza, o cuando lanzan fuego para purificarse.

Los Diablos de Cantuña representan a la tradicional leyenda de la capital. Foto: Micaela Ayala.V/Andes

Para Juan Paz y Miño, del colectivo  los Diablos de Cantuña, estos personajes  representan el miedo de una época “el miedo que tenía la  gente durante los primeros años de fundación española y cómo gracias a este miedo se consigue adoctrinar a los indígenas”, aseguró.

De  hecho, todas las Diabladas que se celebran en el Ecuador son esa mezcla de religiosidad y costumbres ancestrales indígenas, es por ello que algunos diablos más contemporáneos siguen bailando al ritmo de los albazos y sanjuanitos, ritmos tradicionalmente ecuatorianos.

Se trata de fiestas pagano-cristianas en las que se juntan la religión, la música y también la rebeldía como es el caso de los pillareños que demuestran una forma de rebelarse contra lo establecido o contra la esclavitud ya sea física o mental. Las diabladas muestran claramente las tradiciones más históricas y profundas de los pueblos ancestrales, ahí radica la importancia de este evento en el que todos los diablos se juntaron.

Los Aya Humas de Imbabura bailaron con sus tradicionales zamarros y máscaras coloridas. Foto: Micaela Ayala V./Andes

dvm/gc

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