Fernando Salme, el pintor ecuatoriano de la ‘Expedición en canoa del Amazonas al Caribe’

El ecuatoriano Fernando Salme dibujó a lápiz sobre cartulinas desde que zarpó la expedición 'En canoa del Amazonas al Caribe' hasta Manaos, donde concluyó su participación, hace ya 30 años. Fotos: Micaela Ayala

Por Yurien Portelles

Puerto de Misahuallí, Ecuador, 29 abr (Andes).- El etnólogo ecuatoriano Fernando Salme tiene una historia que contar para cada uno de los dibujos a lápiz que hizo de la ‘Expedición en canoa del Amazonas al Caribe’ y los cuales conserva con recelo 30 años después porque atestiguan aquella hazaña científica que partió desde Ecuador.

“Hay vivencias muy importantes en cada uno de los dibujos; cada uno tiene su historia”, aseguró a Andes en el contexto del Simposio Internacional en este aniversario cerrado de aquel acontecimiento.

Sus dibujos, consideró, vienen a constituirse como un registro importante de una gesta que propició el cubano Antonio Núñez Jiménez y el arqueólogo ecuatoriano Lenín Ortíz, lo que aportó una razón más para seguir reforzando la integración entre los pueblos sudamericanos y caribeños.

En sus pinturas sobre cartulina están registrados los líderes de todas las comunidades que encontró a su paso hasta Manaos, donde concluyó su participación.

Un gallinero flotante llamó la atención de Salme entre las costumbres de las comunidades ribereñas. Describe que las mujeres también sembraban especias y herbas aromáticas con esta técnica.

Orgulloso, dice que Núñez Jiménez lo cita en su libro 'En canoa del Amazonas al Caribe', al dejar constancia en una de sus páginas de que “en realidad él me encontró trabajando y en ese momento, porque en realidad yo procuraba recoger lo más importante y lo más característico de cada uno de los grupos étnicos”.

Recuerda al ‘peruano oriental’, de nombre Juan Wuong, quien era el ‘fotógrafo del río Curaray’. Él iba por los pueblos ribereños en una balsa rústica retratando a sus habitantes. “Mi sorpresa fue verlo a él que en su canoa llevaba animales, entonces al acercarme y al abordarme se presentó como el fotógrafo del río, y era el fotógrafo que va recorriendo los pueblos ribereños y cómo en cada comunidad no tienen dinero en efectivo entonces los cambiaba sus retratos con animales y al llegar a Iquitos se los vendía y ahí podía hacer su dinero”.

Wuong tenía en su balsa su propio “laboratorio” de cámara oscura, donde hacía sus revelaciones fotográficas a la usanza de la época y también ese medio de transporte era su techo para pernoctar en los distintos pueblos.

En esta segunda entrevista en cinco años sobre el mismo tema, en la que aseguró haber visto a la deriva a una pequeña isla, Salme siempre tiene algo que aportar nuevo de esa historia de la cual se conoce poco o nada por las nuevas generaciones de ecuatorianos y que ha reunido a un grupo de participantes y allegados en la idea de crear un Museo en el Puerto de Misahuallí, en el río Napo, para difundir esta historia.

Fue allí desde donde partió con destino al Caribe la comitiva científica, encabezada por el geógrafo cubano Antonio Núñez Jiménez y por el arqueólogo ecuatoriano Lenín Ortiz. En cinco canoas, encabezadas por la ‘Simón Bolívar’ navegaron por 17 mil 422 kilómetros hasta el océano Atlántico, donde otra de las embarcaciones asumió por nombre el de ‘Hatuey’, en honor a un aborigen de Cuba.

Cuenta Salme que tiene en mente un dibujo muy interesante del momento de la salida, cuando estando listos para zarpar, un grupo de mujeres quichuas comenzaron a llorar.  "No querían que sus compañeros que iban a acompañándonos a nosotros como guías se vayan en la expedición, entonces no sabíamos la razón por qué se lamentaban y por qué lloraban y nos dimos cuentas de que sobrevolaban un grupo de gallinazos, entonces era una modo de ver que las mujeres consideraron que era un mal augurio salir en esas condiciones, y era una premonición tan cercana, que a pocos días de eso, se presentó el terremoto del año 1987; estaban en lo cierto", relató.

El 'Che' de San Pedro de Loreto, en Perú, fue paciente del legendario Ernesto Che Guevara durante su viaje en motocicleta por el continente.

Uno de los personajes que no puede dejar de hablar de él, es el ‘Che’, un paciente de lepra de la región de San Pedro de Loreto, en Perú, a quien a su paso en su viaje en motocicletas por América Latina el legendario guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara le operó, salvándole la vida.

“El nombre real del paciente del Che es Isaías Silva Lozano, a él le opera el Che, sufría mucho del brazo y el doctor del centro no quería operarle por el peligro de contagiarse. Le interviene el Che, le opera, y al día siguiente muy solidario el Che fue a visitarle y a prepararle el desayuno, entonces en el pueblo le conocían como "El Che"”.

Salme, quien conserva una inusual juventud en su físico y en su mente, cree que esta colección debe ser exhibida para que las nuevas generaciones conozcan en qué consistió este periplo marítimo que concluyó en Cuba en 1988, un año después de su inicio en Napo.

Sus dibujos también están prácticamente intactos y solo alguno que otro ha comenzado a padecer el paso del tiempo, con cierta humedad. Alguna vez los llevó por todos los núcleos de los Museos de la Casa de la Cultura, en los tiempos en que él se desempeñaba con director general de estos. “Yo posibilité que esta colección recorra los distintos núcleos de la Casa de la Cultura, pero eran temporadas muy cortas”, se lamenta.

La enseñanza que recogió de este viaje es el de poder conocer el desenvolvimiento cultural de la cuenca del Amazonas y de cómo se desarrollan determinadas actividades. “Por ejemplo, en el caso de la cerámica  que se trabaja en toda la cuenca y cómo va variando su sistema de dosificación”.

El 'fotógrafo del río Curaray' canjeaba fotos a los pobladores por animales que luego vendía en Iquitos para recuperar su inversión.

“Nuestros indígenas en la parte del Ecuador -porque están en la parte alta- el material, o sea las arcillas, se van enriqueciendo por acarreo porque las lluvias van nutriendo a la arcilla con determinados elementos, como pudiera ser un tipo de arena que tenga feldespato y cuarzo, entonces no hace falta dosificar porque nuestras compañeras indígenas que son ceramistas, solamente lo toman la arcilla y lo trabajan sin ningún inconveniente”, relata.

Y añade: “en cambio, cuando ya se torna más abajo, plano, no hay esa posibilidad de que las arcillas se enriquezcan con otros materiales y hay la necesidad de dosificar con ceniza porque el material es totalmente plástico; entonces lo mezclan con ceniza para que no se craquelen o no se rompan las piezas luego de la quema”.

El geógrafo cubano Antonio Núñez Jiménez fue quien ideó esta expedición y la organizó junto al arqueólogo ecuatoriano Lenín Ortíz y la ayuda y el padrinazgo del pintor Oswaldo Guayasamín.

Entre los nombres de los participantes que recuerda están Aldo Bolaños, arqueólogo de Perú; el ‘Gato Carrillo’; Jorge Pulesio; Domínguez; Jorge Pinto, Eduardo González y Doris Santos de Farías.

Sobre una promesa personal de hace cinco años de querer pintar en colores todo lo que vio, aseguró: “Ya tengo el estudio, tengo los bocetos determinados, ya me falta pasar solo  al lienzo porque ya está determinado como quiero concebir las pinturas, pero en realidad he pasado inmerso en otro tipo de investigaciones y eso me ha limitado”.

Ahora, Fernando Salme está a la espera de que alguna editorial se interese en la publicación de un libro de su autoría sobre esta expedición que, en su opinión, ha tenido muy poca divulgación y, sin embargo, “se recogieron importantes apreciaciones multidisciplinarias y eso es necesario poder difundirlo”.

yp/gc

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