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'Quito frío', un retrato a la ciudad invernal

10 de Enero de 2018 - 09:41

'Quito frío' es una recopilación de imágenes que reflejan el poderío e influencia absoluta de los andes ecuatorianos sobre el clima en la capital de todos los ecuatorianos.

Texto y fotos: Carlos Rodríguez/Andes

Cuando bajan las temperaturas, la ciudad de transforma , cambia de color como los diversos atuendos de la gente que va y viene con premura para resguardarse del frío, de la lluvia y hasta de la granizada. Tanto las calles como la geografía constituyen evidencia gráfica de la llegada de la temporada invernal que, en Ecuador se prolonga aproximadamente desde octubre hasta abril. 


A solo tres días de iniciado el año 2018, el Rucu Pichincha despertó con un manto blanco sobre su cumbre, la helada de la noche anterior llenó de hielo la parte rocosa de la montaña, creando bajas temperaturas en el viento que recorría las calles de la ciudad 'Carita de Dios'.

Las montañas y nevados a lo largo de la cordillera central en el país se vieron abrazadas por el frío.
A 40 minutos de la ciudad, en la parroquia de La Merced (en Pichincha) se divisaba un coloso que se levantaba en el horizonte con un sombrero blanco. El volcán Sincholagua, que resguarda silencioso los alrededores de la capital ecuatoriana, Patrimonio de la Humanidad, sintió los efectos de la baja temperatura que desencadenó una fuerte tormenta de granizo a lo largo de todo el norte de la urbe.

El 3 de enero fue un día inusual. Entrada la tarde el cielo empezó a teñirse de un singular color gris, las nubes oscuras se juntaron  sobre la cabeza de los quiteños, advirtiendo lo que ocurrió: una fuerte tormenta que llenó las calles con un manto blanco de hielo.

Poco a poco cada granizo se iba acumulando uno sobre otro creando una capa de al menos 3 cm en el suelo. El tráfico paró, las aves dejaron de cantar por minutos, los árboles se sentían atacados por millares de pedacitos de agua cristalizada. La tormenta había marcado su paso.

Mientras iba disminuyendo la intensidad de la lluvia,  los capitalinos no perdieron la oportunidad para capturar el maravilloso acontecimiento con la cámara del teléfono celular, desde las ventanas de sus casas o en medio de la calle (sin importar parar el tránsito). Nadie quiso perderse el espectáculo que sí es usual en otros sitios del planeta. 

cr/yp/gc

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