Quince hermosas aves rescatadas protagonizan un show de altura en el Zoológico de Guayllabamba

Por Dayana Vinueza

Quito, 18 jul  (Andes).-  Un gavilán alicastaño es el primero en aparecer por el basto horizonte, vuela directo hacia la pequeña tarima que han colocado sus entrenadores especialmente para él y posa sin ningún temor ante las cámaras estacionadas para admirarlo. Después se para en otra tarima que está mucho más cerca del público, mostrando sus hermosas plumas marrones que resplandecen con los rayos del sol.

Este gavilán es uno de los 15 protagonistas de la muestra “Rapaces en vuelo” que se inauguró este mes en el Zoológico de Guayllabamba (ubicado a 30 minutos de Quito) y que estará abierta hasta el 1 de octubre. Todas las aves que participan han sido rescatadas del tráfico y maltrato animal y pasaron por un proceso de recuperación para aprender nuevamente a volar. Con este entrenamiento no solo se liberan físicamente sino sicológicamente.

 “Aquí tenemos casos de todo tipo desde las que han sido cogidas desde pequeñitas en el nido y se han criado en una casa y no se han podido liberar, hasta los que tienen disparos, tienen fracturas en ala, o les falta alguna extremidad”, señaló Jacobo Quero, quien forma parte de la empresa Faunaetus, encargada de salvar y entrenar a las aves rapaces.

Para él, esta exhibición tiene varias funciones: sí aprenden a volar pueden ser liberadas un tiempo después, que los fondos recaudados ayudarán a generar un fondo de becas para la investigación de aves rapaces en Ecuador, y la concientización del público a que no les tengan miedo porque las leyendas que se cuentan de ellas, como que son peligrosas o se comen el ganado, son falsas.

 

Las aves vuelan libremente y posan para las cámaras. Aquí un águila pechinegra. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Dos águilas pechinegras son las siguientes en salir a escena. Son las más grandes de la exhibición y se roban todas las miradas del público por su belleza. Además de posar en los pedestales también lo hacen en los árboles cercanos y en los guantes que llevan puestos sus entrenadores. La hembra caza a un pequeño conejo de peluche, este ejercicio le ayuda a aprender cómo hacerlo en la naturaleza.

Después de esta pareja llegan tres pequeños quilicos que no tienen temor alguno de pararse en los hombros o en las cabezas de los visitantes. Ellos se criaron con humanos desde que eran polluelos por eso no les tienen miedo, pero precisamente por estar tan domesticados ya no pueden volver a su entorno natural porque no sabrían como buscar su comida ni como interactuar con otros de su especie.

Martín Bustamante, director del Zoológico, explicó a Andes que “Rapaces en vuelo”  es una exposición muy importante porque está orientada a dar bienestar a las aves que han llegado a la institución por situaciones tristes y trágicas y que después de su entrenamiento tienen una segunda oportunidad.

“Para nosotros es muy importante devolverles esta vida de aves y trabajar con la comunidad, con la gente, contándoles esas historias para que no las repitamos y para valorar de otra forma la biodiversidad”, aseguró.

Los quilicos posan tranquilos cerca de los visitantes de la muestra. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Solo el año pasado el zoológico devolvió a su entorno natural a 60 animales silvestres. Esa es la consigna de esta institución, si se quedan allí es por dos  razones: porque tienen  una serie de lesiones físicas que les impiden valerse por sí o porque son animales que tiene lesiones en su comportamiento, que están demasiado acostumbrados al ser humano y que pueden ponerse en peligro si se liberan en la naturaleza.

“Acá tenemos que encontrar la mejor forma de que estén bien, este es un ejercicio que nos lleva hacia el bienestar animal, que las aves puedan volar, ejercitarse, mover sus alas, sus músculos”, explicó Bustamante.

En esto coincide Quero, quien dice que gracias al entrenamiento que reciben estas aves pueden vivir plenamente.  “Muchas veces vemos un ave que está en la mano del entrenador y la gente dice pobrecito lo están cogiendo, pero gracias a este manejo se va a acostumbrar a la persona. Si al final su vida tiene que depender del cuidado de las personas es mejor que este animal no tenga miedo, a que cada vez que nos acerquemos se golpeé o se maltrate por culpa del temor”, asegura.

El curiquingue camina con elegancia durante la exhibición. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Hay algunas aves que no pueden volar pero que igual participan en el espectáculo dando pequeños saltos. Es el caso de un pequeño curiquingue que se muestra completamente sano y  muy activo. Da algunos pasos  al ritmo de su tradicional canción “alza la pata curiquingue, mueve la pata curiquingue”, caza a una pequeña iguana de plástico y comparte el espacio con las otras especies.

Este curiquingue fue rescatado de una granja donde le habían cortado sus plumas guías para que no pudiera escapar volando. Sus captores querían que se aparee con las gallinas para así conseguir un gallo de pelea único. Una pequeña lechuza también sufrió por la ignorancia de unos cazadores que le impidieron su capacidad de volar. Ambas participan en la exhibición y se sienten libres aunque no puedan volar nunca más.

Según Carlos Sánchez, quien lleva entrenado a estas aves por dos meses, el entrenamiento inicia en la mañana cuando todos son pesados, esto con la finalidad de mantenerlos sanos y aptos para volar (si tienen sobrepeso no pueden hacerlo). La mayoría de aves de “Rapaces en vuelo” tenías sobrepeso porque solo pasaban hacinadas en jaulas sin ejercitarse.

Una lechuza participa en la exhibición que se abrió en el Zoológico de Guayllabamba. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Para el adiestramiento se utiliza unas cuerdas en las patitas, esto con la finalidad de que no se lastimen.  De poco en poco las aves saltan cada vez más alto y cuando ya tienen la confianza suficiente se los suelta para que vuelen libremente y se les coloca un cascabel en caso de que se pierdan entre los árboles.

“La experiencia para mí ha sido gratificante al ver que aves que no volaban, que estaban encerradas, hoy las podemos ver haciendo tornos en la parte de arriba. Y más que todo me siento feliz porque es una forma de concientizar y que las personas sepan la importancia de estas aves en el medioambiente y que con necesarias para poder eliminar plagas de ratones o de animales enfermos”, resaltó Carlos.

Con este fin, también aparecen en la exhibición un gallinazo cabeza amarilla, dos cabezas negra y un gallinazo rey. Los entrenadores quieren demostrar que estos rapaces tan temidos y que generalmente son discriminados no son para nada peligrosos o agresivos, y  que no cazan a los animales de las granjas sino que se comen los restos de animales que mueren por causas naturales, o que están muy enfermos, de esta manera ayudan a limpiar el ecosistema.

Un gallinazo cabeza amarilla posa abriendo sus enormes alas. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Al final de la muestra, que dura cerca de una hora, los asistentes pueden tomarse una fotografía instantánea con una lechuza o un gavilán por un costo de tres dólares. Los fondos recaudados serán dirigidos hacia un fondo de becas para la investigación de las rapaces, que en Ecuador suman más de 100 especies.

“Nosotros queremos que los investigadores y estudiantes universitarios se dediquen a investigar a estas aves, a desarrollar  técnicas que les permitan ayudarles aquí y también en los ecosistemas naturales. Necesitamos saber mucho de las aves, somos un país megadiverso y todavía no tenemos mucha información”, puntualizó Bustamante.

Los horarios de la exhibición son de martes a viernes, a las 11:30, y los fines de semanas hay tres funciones: a las 11:30, 13:00 y14:30. El costo es de 10 dólares para niños y 6,50 para niños, lo que incluye también la entrada al Zoológico.

Un gavilán variable sigue las instrucciones de su entrenador. Foto: Micaela Ayala V./Andes 

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