Resurrección y Ascención de Cristo (según el Evangelio apócrifo de santa María Magdalena)

Por Raúl Vallejo, escritor ecuatoriano 

¡Resucitó, resucitó! ¡Aleluya!

¡La tumba de Jesús, el carpintero, está vacía!

Testimonio fresco de piedras antiguas 

bramido de la palabra en la oquedad del silencio.

¡Aleluya! ¡Resucitó! ¡Aleluya!

¡El sepulcro del hijo de María no conocerá olvido!

Lienzos impregnados de mirra y aloe en abandono

fragancia de la muerte anonadada en su extravío.

¡Aleluya, aleluya! ¡Resucitó!

¡La cripta del cordero es huella de redención!

Gruta de vida burlando su condición de finitud

eco perdurable que alcanza nuestra caída sin fin.

 

            ¡Resucitó! ¡Aleluya! ¡Resucitó!

2

¿Dónde te hallas Rabboní, mi bienamado?

Caminé con mis heridas expuestas y tu palabra me procuró alivio

te seguí hasta el calvario junto a tu madre dolorosa y hoy ya no

estás.

¿Acaso el guardián del huerto desalojó tu cuerpo yerto?

Lloro porque nada de ti me queda en esta tierra baldía

quiero los restos inertes que fueron arrancados de mi duelo.

¿Eres tú Rabboní, mi bienamado, esa presencia cuya luz me ciega?

Me pides que te suelte pues dices que aún no has regresado a tu

Padre

te arranco de mí con el dolor de haberte perdido y volver a perderte.

¿Creerán la palabra de esta pecadora esos hombres rudos de

corazón?

A mi Maestro ya no hay que buscarlo entre los muertos:

yo proclamaré los sucesos de este sepulcro derrotado por el Amor.

3

¡Que apresuren su llegada a tu sepulcro los que te negaron!

Aquellos que envenenan con dudas lo que dice una mujer.

¡Que toquen la huella abierta de tus heridas los incrédulos!

Los que ignoran la purpúrea pasión de la rosa en la palabra rosa.

Eres una llama transeúnte que baña de luz

la condición ambulatoria del hombre

fuego vivaz para regocijo de errantes huérfanos

—existencia desértica bañada de tu ausencia

sin tierra prometida donde encontrar reposo.

¡Echen con fe las redes que resistirán al peso de la pesca!

El Tiberíades dará ciento cincuenta y tres piezas para hartarnos.

¡Es el Señor pero no lo saben con certeza, es Él y lo dudan!

Los llamados a perpetuar la vida del Señor en su palabra.

Llama que guía mi peregrinación sin tiempo

padezco la sed del extraviado en el desierto

fuego que acompaña al que apacienta tus ovejas

—existencia desolada que buscará en vano

tu rastro de eternidad y el pan de los hombres.

4

El llanto de tus mujeres te arrebata de la muerte

elegía que vence la consumación de las horas de los hombres.

Llanto de madre que emerge desde el arcano del vientre

desgarrado refugio de la semilla que nos perpetúa.

Grito de mujer que sube desde el pálpito vital de sus entrañas

hogar en el que mora el sentido de la existencia.

Volcanes en movimiento, bocas de fuego que nos alumbran.

Desde que volviste victorioso para que tu amor se quedara

vencer a la muerte es el imperativo sin fin de los hombres

sobrevivientes por la palabra y su poesía, heridos de olvido

nada que cubre con su eternidad a la mudez del cuerpo.

Tus mujeres de indómita sabiduría irradiamos vida

memoria del verso que conjuga el milagro de la resurrección.

Los peregrinos de Emaús arrastran sus pies polvorientos y tristes

esperaban que fueras el libertador de Israel y aún lloran tu derrota.

Caminas a su lado mas no lo saben y atragantan su dolor en el

silencio

ignoran que el padecimiento era necesario para el anuncio de tu

gloria.

¡Ahora todos somos peregrinos con el peso de la libertad a cuestas!

Compartes la plenitud de vida nueva en la alegría ancestral de tus

mujeres

corazones de eternidad saciados con la repartición de nuestro pan.

Yo no requiero palpar tu costado para saberte vivo, Rabboní,

me basta la memoria de tu sonrisa y tus ojos que iluminan mi piel.

Derrotaremos a la muerte con la piel restaurada de tus

renacimientos,

una y otra vez las heridas habrán de cicatrizar para nuestro júbilo

en el fuego de cada retorno que incendia las sombras y las

desvanece.

Yo te llevo en este cuerpo que te acompañó durante las prédicas,

flor del arenal caliente tocada por la gota de milagro que me sacia.

No soy digna de que entres en mí pero habitas esta casa con tu

amor.

5

¿Cómo quieres que crean sin tocar las huellas

de la crucifixión en tus manos y pies

si sólo son hombres que deben

apacentar tus corderos huérfanos?

Dirán de mí que soy la meretriz arrepentida

del placer que tomaron de un cuerpo de mujer

los mismos hombres que la condenan y lapidan

pero soy la que siguió el rastro de tu palabra hasta la hora del

calvario.

¿Cómo anhelas que crean sin compartir

el pescado asado y el panal de miel

si sólo son hombres que viven

el día de lo que atrapa su pobre red?

Dirán que soy la que abandonó la cocina

natural morada y trabajo de las mujeres

para refugiarme bajo la higuera de tu cuerpo

pero soy la que cincela su amor en la vigilia de tu sepulcro.

¿Cómo pretendes que crean sin que el espanto

bañe de verdad sus rostros curtidos

si sólo son hombres a los que confías

atar y desatar las almas ancladas en este mundo?

Dirán que ungí con perfume de nardo tus pies

cansados por tu prédica en Betania, que desperdicié

trescientos denarios para beneficio de los pobres

pero soy tu enviada primera, apóstol que proclama tu victoria final.

Perdona sus dudas, Rabboní, mi bienamado,

¡Que tan sólo son hombres!

¡Que son hombres tan solos!

6

Cuarenta días después de abandonar a los muertos

vamos a Betania en procesión de silenciosa alegría.

En tu hora, Rabboní, estás junto a tu Padre,

arrebatado ante nuestros azoramiento y envuelto en nubes

elevas tu antigua humanidad en etérea transfiguración.

Terminó tu prédica en el desierto de todos los días

ahora la Gloria

peregrinación celeste hacia la semilla de origen.

Esencia de Dios y el hombre

eres Otro

fragancia que impregna el aire y nos cubre.

7

Tu discípula amada

de la que proclamaste lo que se oculta

conoce que al perderte nuevamente te gana para la Eternidad.

Este es el testimonio de María, la de Magdala,

mortal que yacerá en su finitud a orillas del Tiberíades

amortajado su cuerpo con el lienzo acariciante de tu Amor.