Revolución Ciudadana, 9 años de un proceso que recuperó la autoestima de los ecuatorianos

Agencia Andes
El gobierno de la Revolución Ciudadana, bajo el liderazgo del presidente Rafael Correa, se ha mantenido en el poder desde enero de 2007. Foto: Presidencia de la República

Por Jorge Barona

Guayaquil, 11 ene (Andes).- A partir de 1996 Ecuador comenzó a transitar por caminos de inestabilidad política, económica y social. Los gobiernos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez que llegaron al poder con promesas de cambio crearon más incertidumbres que certezas y sucumbieron antes de cumplir sus mandatos ante el desencanto del pueblo cada vez más empobrecido por las recetas neoliberales que aplicaron.

Siete presidentes -sin contar el triunvirato que derrocó a Mahuad y que se instaló en el poder por varias horas- en una década hablan del caos en el que estaba sumido el país, cuyo mayor detonante fue la crisis de 1999, la mayor de la historia, cuando los ecuatorianos fueron víctimas del congelamiento de sus depósitos como consecuencia de la quiebra de un grupo de bancos privados.

Sin dinero, empleo y oportunidades, cientos de miles de ecuatorianos emigraron principalmente a Europa dejando dolor entre sus familias por la separación. A la postre, esos migrantes sostuvieron luego la frágil economía, a través de las remesas que enviaban a sus parientes, mientras el Estado más se preocupaba por asumir el daño que dejaron los banqueros, muchos de los cuales fugaron a otros países para evadir a una tibia justicia de ese entonces.

El pueblo en las calles provocó la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez en abril de 2005. Foto: El Diario

La ausencia de un Estado que solo era funcional a las élites, motivó a ciudadanos de distintos sectores a coincidir en un proyecto político que destierre el caduco modelo neoliberal, que había postrado al Ecuador en los últimos lugares en la región en cuanto a desarrollo, según índices de organismos internacionales.

Así nació el movimiento Alianza País (Patria Altiva y Soberana), una coalición política conformada en sus inicios por más de 30 organizaciones políticas y sociales, inspirada en los ideales de justicia social y progreso del expresidente Eloy Alfaro, líder de la Revolución Liberal a principios del Siglo XX.

Según registros, esta organización política se creó el 19 de febrero de 2006 con un festival cívico en Quito al que sus organizadores definieron como el ‘semillero de la nueva patria’ y fue oficializada por el entonces Tribunal Supremo Electoral (TSE) el 3 de abril del mismo año.

De esa tienda surgió el liderazgo de Rafael Correa Delgado, un economista y académico que prestaba sus servicios en una universidad quiteña, y quien se había dado a conocer ante la opinión pública por sus ideas contra las recetas ‘fondomonetaristas’, tras su breve paso por el Ministerio de Economía del gobierno de Alfredo Palacio.

La propuesta de Alianza País, fundamentada en cambiar las relaciones de poder a favor de las grandes mayorías, recuperar la institucionalidad y soberanía nacional, se sintonizaba con el sentir popular, que favoreció de manera contundente a su candidato Rafael Correa en la segunda vuelta electoral del 26 de noviembre ante el magnate Álvaro Noboa.

El 15 de enero de 2007 el proyecto de la Revolución Ciudadana liderado por Correa llega al poder con el reto de refundar el país y no defraudar al pueblo muchas veces engañado por gobiernos pasados. Para ello debía reformar la Constitución de 1998 que se redactó a puerta cerrada en un cuartel militar en Quito en 1998 tras la caída de Bucaram.

Nuevamente con el apoyo popular de más del 80% en 2007 ganó el referéndum para instalar la Asamblea Constituyente para redactar la nueva Carta Magna de la nación. En Montecristi, ciudad natal de Alfaro, se instaló la Asamblea con amplia mayoría oficialista elegida mediante elecciones.

Después de un año se redactó la nueva Constitución, una vez más aprobada por mayoría en las urnas. La nueva Carta que, entre otras cosas, garantizaba los derechos conculcados tradicionalmente por las élites, erradicaba toda forma de explotación laboral, garantizaba los depósitos de los usuarios del sistema financiero, consagraba el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza y creaba un Estado plurinacional y multicultural.

La Revolución Ciudadana tenía el marco legal para introducir las grandes transformaciones políticas, económicas y sociales esperadas por décadas. Por ello propuso nuevamente en 2009 como su candidato a la presidencia a Correa, quien obtenía nuevamente un triunfo abrumador en primera vuelta, algo inédito en la democracia reciente.

“Nuestra Revolución es de quienes son el motor de la historia: los seres humanos, quienes jamás van a ser víctimas en nuestro país de la maquinaria neoliberal y del capitalismo salvaje”, expresó el presidente Correa en su discurso de posesión del 10 de agosto de 2009 en la Asamblea Nacional.

Soberanía energética

Una de las primeras acciones del jefe de Estado fue renegociar los contratos petroleros que beneficiaban a las petroleras con el 87% de las ganancias y apenas un 13% para el país. Los opositores y medios de comunicación privados auguraron un desastre, pero el gobierno demostró su capacidad negociadora y logró revertir los porcentajes a favor del Ecuador, después de que casi todas las transnacionales petroleras asentadas en los campos amazónicos aceptaron las nuevas condiciones.

También se renegoció la deuda externa, lo que significó un ahorro de 7.000 millones de dólares; y se crearon los mecanismos para evitar la evasión tributaria, una práctica hasta entonces generalizada en el país.

Este manejo institucional generó los recursos necesarios para impulsar la más grande inversión de toda la historia de Ecuador en educación, salud, vivienda, vialidad, seguridad, justicia, producción, infraestructura para garantizar la soberanía energética, como ocho hidroeléctricas, seis proyectos hídricos, repotenciación de la refinería de Esmeraldas, entre otros megaproyectos.

Proyecto multipropósito Chone, uno de los megaproyectos construidos por la Revolución Ciudadana. Foto: Archivo Andes  

La transformación estaba a la vista: modernos servicios públicos recibían con calidad y calidez a los usuarios. El gobierno llegó con obras y asistencia hasta los territorios más recónditos. Las personas de la tercera edad y con discapacidades también recibían por primera vez asistencia mediante los programas Manuela Espejo y Gallegos Lara.  Se había dado un giro radical al país del pasado.

Los organismos internacionales como el Banco Mundial, Naciones Unidas y distintos gobiernos del mundo no tardaron en hacerse eco del desarrollo alcanzado por Ecuador sin depender del recetario del FMI.

No obstante, casa adentro, la minoría opositora, que gobernó por décadas al país, y sus medios de comunicación aliados se resistían a reconocer el cambio y más bien se dedicaron a crear un clima de desestabilización permanente.

30S, la intentona golpista

A cada decisión gubernamental, los detractores trataban de minimizarla o desinformar sus propósitos. Esto generó el 30 de septiembre de 2010 el descontento de un sector de la Policía Nacional que salió a protestar sin conocer el contenido de la recién aprobada Ley de Servicio Público, que a la postre los beneficiaría considerablemente en sus salarios.

Rafael Correa permaneció retenido por varias horas en el hospital policial en el Regimiento Quito, a donde acudió para entablar un diálogo con los gendarmes insubordinados, mientras políticos de oposición se reunían en privado en un hotel de Quito para seguir el curso de los acontecimientos y preparar un pedido de amnistía para los policías insurrectos.

El 30 de septiembre de 2010, la democracia estuvo en peligro con la retención del presidente Rafael Correa. Foto: Presidencia  

Horas más tarde el mandatario fue rescatado por las fuerzas del orden y por una multitud que salió a las calles de Quito a defender, por primera vez en la historia, a un gobierno con el que se identificaba.

Este episodio, que costó vidas humanas, terminó por fortalecer la democracia y al proyecto político que estaba en el poder, pero la maquinaria de la derecha si bien quedó aturdida no bajó la guardia y sumó a sus huestes a ciertos dirigentes indígenas y sectores autodefinidos como izquierda, derrotados abrumadoramente en una decena de procesos electorales.

En el país se continuó sembrando la obra sin precedentes de la Revolución Ciudadana, mientras los más altos funcionarios, encabezados por el propio mandatario, llegaban a territorio con sus gabinetes itinerantes para tratar los grandes temas del país y atender las necesidades de las comunidades. Se inauguraba una nueva forma de hacer gobierno.

En Ecuador se garantizaba la libertad de expresión con una ley que democratizó la comunicación, con la creación vez de medios públicos y comunitarios, mejoró los salarios de los periodistas, uno de los gremios históricamente más explotados, garantizó el ejercicio de una comunicación veraz, que respete la honra de las personas, entre otros beneficios.

Por primera vez, los ecuatorianos accedían a nuevos servicios de información distintos a los que ofrecían los medios en manos de grupos empresariales, devenidos, según lo ha reiterado el presidente Correa, en actores políticos ante el declive de los partidos tradicionales.

Masiva concentración en Guayaquil el 15 de noviembre de 2014 para conmemorar la masacre de miles de trabajadores en 1922 a manos del Estado burgués. Foto: Presidencia

Debido al trabajo desarrollado, el pueblo le ratificó la confianza a su mandatario y a su proceso político, a través del proceso electoral de 2013 en el que consiguió nuevamente en una sola vuelta la presidencia y la mayoría absoluta en el Legislativo.  Al año siguiente obtuvo el mayor número de alcaldías en las elecciones seccionales.

En 2015, pese a las condiciones económicas difíciles derivada de factores externos como la caída estrepitosa de los precios del petróleo, la apreciación del dólar, la desaceleración de mercados aliados, entre otros, el gobierno continuó inaugurando importantes obras postergadas por décadas en el país y cumpliendo sus obligaciones con entidades seccionales e internacionales.

Aniversario

El Ejecutivo reajustó el presupuesto con un ingreso de 35 dólares por barril de petróleo y aplicó medidas para proteger el empleo local y enfrentar los choques externos en este 2016, año en el que el proceso de la Revolución Ciudadana cumple 9 años en el poder con la expectativa de designar entre sus dirigentes al candidato que sustituya a Correa de cara a los comicios generales de 2017.

Por ello, el mandatario se ha adelantado a llamar a la unidad del movimiento y a estar alertas para enfrentar, dijo, en esta época preelectoral una nueva arremetida de una derecha, que  emprenderá con sus medios de comunicación una “campaña sucia” para tratar de desgastar al movimiento Alianza País.

Este 16 de enero en el parque Samanes, una obra emblemática desarrollada en Guayaquil, la Revolución Ciudadana conmemora su aniversario con un acto masivo como ha sido característico en estos años.

El presidente Correa al evaluar el trabajo en estos años considera que uno de los mayores logros ha sido recuperar la autoestima de los ecuatorianos. “Uno de los mayores logros de la Revolución Ciudadana es que la gente recuperó la autoestima, volvió a creer y eso es bueno. Seguimos la enseñanza de (Eloy) Alfaro que decía: nada para nosotros, todo para ustedes”, expresó el año pasado ante cientos de compatriotas en una visita a España.

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