La Toma de la Plaza en Cotacachi, un ritual que ha sobrevivido al tiempo y que construye la identidad indígena

Por Dayana Vinueza

Cotacachi, Imbabura, 1 jul (Andes).- Desde las 04:00, antes de los primeros rayos de sol, las comunidades indígenas cercanas a la ciudad de Cotacachi se preparan para participar en la Toma de la Plaza, un ritual ancestral que ha sobrevivido a la conquista española, las dictaduras y a los regímenes democráticos; y ha servido a la construcción de la identidad de los pueblos.

Los participantes, en su mayoría hombres adultos que se identifican como guerreros, van disfrazados con zamarros y con látigo en mano (una representación burlesca de los capataces de las haciendas), otros llevan chaquetas militares o policiales, unos cuantos usan sombreros negros con algunos símbolos extraños, algunos máscaras y otros, incluso, llevan camisetas de bandas de heavy metal como Iron Maiden o Motorhead.

Todo esto con la intención de representar la rebelión ante el poder y ante las demás culturas implantadas, o simplemente para fusionar sus gustos con las costumbres ancestrales. De hecho muchas personas vienen desde otros países para participar en esta celebración que se realiza una vez al año.

El ritual comienza en la mañana cuando los hombres entran en la casa de sus vecinos y bailan en sus patios, forman círculos que representan el tiempo que gira y que les da sus estaciones de cosecha y de intercambio. De los vecinos reciben comida y bebida que les da fuerza para zapatear durante todo el día. Después de eso bajan corriendo desde sus comunidades hasta llegar a la plaza central de Cotacachi, símbolo del poder político, económico, religioso y cultural de la ciudad.

El ritual se cumple en la plaza central de la ciudad de Cotacachi. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Su ubicación estratégica frente a la Municipalidad y a la Iglesia, encierra toda la historia de lucha, resistencia y emancipación de los pueblos indígenas que se revive con cada celebración del Inti Raymi (desde el 21 de junio en el solsticio de verano). Con la llegada de los españoles llegaron las fiestas de San Juan y San Pedro, pero los indígenas supieron adaptarlas a su manera y se apropiaron de ellas.

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La Toma de la Plaza es precisamente un ritual de empoderamiento, un proceso social y simbólico que empezó en la colonia con el primer levantamiento indígena y que continúa realizándose cada año en Imbabura (centro norte de Ecuador) para recordar la identidad de los pueblos indígenas.  Es la forma de decir que están presentes, que seguirán allí y que su cultura es más fuerte cada día. También es una forma de agradecer al taita Sol y a la Pachamama por los frutos de la cosecha que los alimenta todo el año.

En la fiesta muchos llevan sombreros, zamarros, máscaras y camisetas alusivas al rock. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Ariruma Kowii, catedrático y participante de esta fiesta, dice que la importancia de esta celebración  “es que ha logrado soportar todo lo que fue la violencia del sistema colonial, incluso los últimos regímenes democráticos, porque es una fiesta que contribuye a la construcción de la identidad, ayuda a rememora el pasado y a reafirmarse más de lo que somos”, señaló a Andes.

Explicó además que el Inti Raymi es una fiesta que ha logrado globalizarse pues en cualquier parte del mundo en la que se encuentren comunidades indígenas se va a celebrar. Lo interesante de esto es que esas personas también involucrarán a extranjeros a participar de esta celebración lo que enriquece la interculturalidad.

Esta interculturalidad se refleja también en la plaza de Cotacachi donde ya no solo bailan los indígenas sino que negros, mestizos y extranjeros. Algunos incluso van a las comunidades desde temprano para conocer su significado, para involucrarse más y compartir con los habitantes del sector.

Las comunidades ingresan corriendo a la plaza central antes de empezar a zapatear. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Otros como Andrés Meza lo hacen desde hace más de 12 años. Este afroecuatoriano que baila  junto a la comunidad de Cercado le contó a Andes que hay otras personas de raza negra que se llevan muy bien con las comunidades  y celebran junto a ellos de estas festividades. “Toda persona es bienvenida, no se fija en el color ni de qué ciudad es, todos son bienvenidos”, aseguró.

Unas 49 comunidades aledañas llegaron a la plaza de Cotacachi este fin de semana. Los de las comunidades altas y bajas tienen una rivalidad innata que viene desde hace varios años. Ellos no pueden permanecer en el lugar al mismo tiempo pues sino se producen enfrentamientos, como ha venido sucediendo desde siempre. Es por ello que tienen un tiempo determinado para bailar, primero lo hacen las comunidades bajas, luego las altas, y los Policías tratan de que ninguno de los grupos rivales coincida en la plaza.

Los enfrentamientos se dan, según los participantes, porque la sangre es una ofrenda a la Madre Tierra. Al luchar cuerpo a cuerpo los hombres también demuestran su fiereza, demuestran que son guerreros y que siempre defenderán sus creencias, su territorio, su cultura. Es por ello común que cada año exista por lo menos una pelea en la que se utilizan piedras, palos y los mismos látigos.

Esta celebración es completamente intercultural por lo que participan adultos, niños y extranjeros. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Pero esto no atañe a la fiesta que ha perdurado por años y que consiste en tomar simbólicamente la plaza al completar tres vueltas mientras los danzantes bailan en cada una de sus esquinas. Según Kowii la festividad también ayuda a liberar todas las malas energías de los participantes, es por ello que eso que gritan, silban y danzan incansablemente.

El ritual se hereda de generación en generación, los niños también danzan junto a sus padres y al igual que los adultos tienen los mismos roles: capataces, músicos y danzantes. Los capataces se encargan de  controlar a los danzantes para que no se pasen del lugar en el que deben bailar y de esta manera no se mezclen o enfrenten con las otras comunidades, mientras que los músicos se encargan de prender la fiesta al ritmo de algunos instrumentos andinos.

El zapateo constante se contagia a todos los asistentes que se ven tentados a dar la vuelta al círculo o a bailar en cualquier lugar de la plaza.

Desde este miércoles comenzaron las celebraciones de San Pedro y San Pablo que esta vez reúne a los comuneros en la laguna de San Pablo para un baño ritual y otra zapateada. Todas estas festividades reflejan la interculturalidad del pueblo ecuatoriano que a pesar de los años no abandona sus costumbres y rituales ancestrales.

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