Vértigo, destreza y gracia se conjugan con la belleza de la música en el show del Circo Farouche

Una de las escenas con más gracia fue sobre el aro acrobático con cientos de plumas bailando a su alrededor. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Quito, 18 jun (Andes).- Trepar el palo chino como si no existiera la gravedad, flotar con gracilidad en el trapecio o el aro acrobático y danzar al compás de un ula-ula gigante… eso y más es lo que los acróbatas del Circo Farouche de Francia mostraron al público capitalino en el Teatro Bolívar.

En este acto participaron cuatro acróbatas, tres hombres y una mujer, que trepaban sin problema el gran palo chino y luego se dejaban caer a toda velocidad y paraban a pocos centímetros del suelo. Algunos trucos eran de manera individual y otros los hacían en parejas lo que causaba mucha más impresión.

Dos bailarines realizan un truco sobre una ula-ula gigante. Foto: Micaela Ayala V./Andes

Una cuerda floja, un enorme aro con el que dos bailarines bailaban al compás de la música, un trapecio y algunas telas que bajaban del techo, incluso una bicicleta antigua, fueron los recursos que utilizaron los acróbatas durante la obra “Blast”, un espectáculo que provoca instantes de gracia y de emoción, y que domina el vértigo y el miedo.

Cada uno de los movimientos se sincroniza al ritmo de la música que es interpretada en vivo y que en muchos momentos marca los movimientos de los artistas. Como si se tratase de una jam sesión, los acordes de las guitarras y el retumbar de la batería marca las pequeñas historias que se desarrollan en el escenario.

La gracilidad se muestra cunado dos preciosas chicas danzan sobre el trapecio o el aro acrobático mientras cientos de plumas caen sobre el escenario como si se tratase de una lluvia. La fuerza en cambio se mira cuando tres acróbatas se suben uno encima del otro para luego desfilar como si fueran una sola persona.

Los trucos realizados sobre el palo chino fueron de los más impresionantes. Foto: Micaela Ayala V./Andes

La risa también surge cuando un payaso sale al escenario vestido con sus mejores galas y también demuestra la potencia de su voz al interpretar un poco de ópera. Luego baja del escenario para bailar con el público y realizar algunos gestos que causan risa.

Durante una hora estos acróbatas logran sorprender al público y consiguen los aplausos en varias ocasiones. El riesgo que toman es muy alto porque no usan redes de protección por lo que al volar por el escenario pueden resultar lastimados, sin embargo, la técnica y la gracia con la que ejecutan sus trucos consiguen que todo salga perfecto.

dvm

Un acróbata danzó y desafío al miedo sobre su bicicleta. Foto: Micaela Ayala V./Andes

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