"La libertad de expresión está limitada por la potestad de los propietarios de los medios"

Foto: Eduardo Flores-Andes

Quito, 03 may (Andes).- “Si la producción informativa está guiada por criterios de rentabilidad –porque los medios son empresas- entonces necesariamente la libertad de expresión va a estar limitada por la potestad de los propietarios”,  esta fue la reflexión de Isabel Ramos, directora de la Maestría de Periodismo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

A propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa, la catedrática precisó que éste es un derecho patrimonial del que están excluidos quienes no son propietarios de un medio de comunicación. Esta conmemoración fue establecida en 1991 por la Unesco en el marco de una conferencia celebrada en Windhoek, Namibia. Se hace hincapie en la idea según la cual la libertad de prensa supone pluralismo e independencia para los medios de comunicación de masas en su más amplio concepto.

“La libertad de expresión es un derecho fundamental de acceso universal en sociedades democráticas. La necesidad de regular el espacio de los medios de comunicación responde a esta diferencia estructural, entre un derecho del que deberíamos gozar todos y un derecho que está reservado a quienes tienen una determinada propiedad”, expuso.

- ¿Y en medio de todo esto dónde queda el derecho de los periodistas?

- “En un sistema económico mercantil, es el dueño de los medios de producción el que gobierna la orientación y el carácter que va a tener la producción (sic). En este sentido, hay una situación que Patrick Champagne (discípulo de Pierre Bourdieu) hablaba de una dependencia doble de los periodistas: dependen del campo político y del campo económico. Es decir, se juzga su calidad profesional, en un medio con fines de lucro, de acuerdo a la rentabilidad que esa producción le genere al medio de comunicación. Los periodistas, por lo general, los de los medios privados –denominados independientes- está sujetos a lo que Owen Fiss (constitucionalista norteamericano) ha llamado la censura empresarial, que no es tan visible como la denominada censura estatal, pero que existe.      

- Es interesante esto de la censura empresarial porque entre los temas por el día de la libertad de prensa, la Unesco propugna que haya más inversión extranjera en medios de comunicación en los países que garanticen la libertad de expresión…

- La Unesco ha tenido varios momentos en el debate sobre el papel y la prensa en la construcción de sociedades democráticas. En los años 70, la Unesco participó, financió y apadrinó la reivindicación sobre el nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Esto concluyó con la presentación, en 1980, en la Conferencia de Belgrado del informe McBride, en el que se decía que era imposible lograr un nuevo orden de la información, sin lograr un nuevo orden económico mundial. Era un informe que denunciaba la relación centro/periferia, que invitaba a los países del sur a mayores procesos de cooperación y colaboración, y que, justamente, reclamaba un lugar de los países más postergados en la producción de información que era atinente a sus sociedades.

Este informe fracturó la Unesco. A partir de la presentación del informe McBride se retiraron de la Unesco Estados Unidos e Inglaterra, los mayores financiadores de la organización, precisamente por discrepancias. Los resultados del informe reclaman políticas nacionales de comunicación y la intervención positiva del estado para la generación de un debate público, que deje en igualdad de condiciones a los países del norte –poderoso- y a los países del sur, subdesarrollados según la terminología de esa época. En tiempos de Federico Mayor, el español que dirigía la Unesco, apareció una nueva orientación que hablaba del fomento a la libre circulación, en el sentido liberal más lato, de la información en todo el mundo; que los medios de comunicación y los organismo multilaterales debían ser protagonistas activos para promover la circulación irrestricta de información. Desconociendo e ignorando que el propio informe producido por ellos denunciaba la existencia de asimetrías y desigualdades estructurales que condenaban a unos países a ser enunciadores principales y a otros a ser los objetos de esa enunciación.

- ¿Cuál sería un escenario propicio para la libertad de prensa y de expresión? Dejando a un lado los prejuicios que desde el Gobierno vienen –supuestamente- las mayores amenazas y que los medios privados son la divina trinidad?     

- Es interesante lo que dicen constitucionalistas estadounidenses (Owen Fiss, Harry Calvin): hay toda una línea de pensamiento sobre la Primera Enmienda –que es la que garantiza la libertad de expresión- que hablan del Estado como la única entidad capaz de tutelar el vigor, la diversidad y la pluralidad del debate público, a través de la política pública y la legislación. No todas las voces de todos los ciudadanos van a estar presentes, necesariamente en el debate público, si hay medios de comunicación. Primero porque la mayoría de medios responden a iniciativas privadas con fines de lucro y esto implica una determinada orientación de la información. Y, segundo porque el espacio de los medios de comunicación es limitado. Owen Fiss dice que se requiere de un fuerte activismo estatal que garantice una representatividad de las opiniones que aparecen en el espacio público, porque ni la libertad de prensa ni la libertad de expresión deben ser entendidos como derechos absolutos. Son derechos que son medios, no fines en sí mismo, para la construcción de un orden democrático.  El escenario es legislación absolutamente clara, con posibilidad de pluralizar el acceso al espacio de los medios de comunicación –como en el caso del proyecto de ley de comunicación que establece tres regímenes de medios: privados, públicos y comunitarios-.

- ¿Existe libertad de expresión dentro de las redacciones en los medios del país?

- Yo le diría que no. Cualquier empleado, de cualquier empresa, sabe lo que se espera de él, lo que puede y no puede hacer. Esto se aplica a la producción informativa. El periodista no es nunca totalmente libre porque tiene un proceso de aprendizaje dentro de la empresa que le dice cuál es la lógica del medio y qué es lo que puede hacer estratégicamente para conservar su trabajo, para ascender y para posicionarse. Existen casos extremos en los cuales los empleados de mayor jerarquía olvidándose de la precarización que sufrieron cuando eran periodistas de tropa: jornadas extenuantes, salarios bajos, la falta de apoyo de las empresas para el desarrollo digno de la profesión, cuando llegan a una posición de jerarquía defienden los intereses de sus patronales en lugar de apoyar a las reivindicaciones de sus compañeros de profesión. Esto es muy común en todas partes, como en este país, en donde no existen organizaciones gremiales fuertes que sepan exigirle al Estado y a los empleadores condiciones de trabajo dignas.

Citando a Pierre Bourdieu: no hay peor censura que la censura por precariedad. Dice que el periodismo es un espacio poderoso que está integrado por individuos débiles, porque están sometidos a reglas que ellos no pueden incidir y por eso existe tanta insatisfacción y vulnerabilidad. Los periodistas son personas que pasan en lo personal por muchos dolores y muchas angustias, que están causados precisamente por su ambiente de trabajo: por las exigencias que tienen y la exigencia de la sociedad que los mira siempre con atención. Es una profesión muy maltratada y que por eso necesita de la legislación y de la política pública para poder ser ejercida con dignidad. La mejor garantía de la libertad de expresión es la dignificación del trabajo, el reconocimiento positivo y adecuado del trabajo periodístico, a partir de la ley.     

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