Zumbahua es el espejo del Buen Vivir (Video)

La Comunidad indígena de Zumbahua se encuentra a 67 km de la ciudad de Latacunga capital de la prov. de Cotopaxi. La población de Zumbahua vive especialmente de la agricultura y de la artesanía muy apreciada en el extranjero. Foto: Micaela Ayala V./Agencia Andes.

Por: Luis Padilla Charpentier / @luispadillach

Quito, 01 ago (Andes).- No fueron décadas; fueron siglos en los que grupos oligárquicos y hacendarios despojaron al indígena ecuatoriano y lo sumieron en la pobreza. No fue un Estado; fue toda la sociedad, en su complejidad, la que abandonó y relegó a sus hermanos.

Así era Zumbahua en diciembre de 2004. En ese entonces, un accidente de bus cegó la vida de 15 miembros de esta comunidad –varios eran maestros- y el dramatismo movió a la prensa a ese sitio alejado, que nunca antes había salido en noticieros. Los datos sobre el suceso que conmovió a la población luego de que un bus cayera al fondo de un barranco, daban cuenta de una mezcla de impericia y malas condiciones viales.

El velorio se realizó en una covacha entre cánticos de madres y viudas; afuera, el polvo se levantaba por el viento y llegaban camionetas con deudos y amigos dispuestos a beber hasta la inconciencia.

El primer impacto se dejaba ver al filo de la sinuosa carretera de tierra arrimada a una quebrada. Niños, no mayores a 10 años, trabajaban en parcelas que poseían esqueletos de cebada seca, animales atados a una soga de cabuya, borregos, cerdos y gallinas; todos buscando un sustento entre los surcos.

Los infantes, con ponchos rojos, descalzos y con azadón en mano eran el retrato de la miseria del campo ecuatoriano, de la falta de oportunidades para sus vidas. Las acequias no servían. Nadie les había dado mantenimiento y el agua de riego no llegaba a las parcelas bajas. Así era Zumbahua, la riqueza y la pobreza graficaban la diferencia entre los de arriba y los de abajo.

La escuela era unidocente y acudían 60 niños. El hospital de la diócesis mantenía su pulcritud, en parte debido a que los campesinos desconfiaban de los médicos y, por tanto, no acudían al centro de salud. Los sobrevivientes del accidente de bus fueron derivados al hospital de Latacunga, al que entonces se llegaba en dos horas y media.

Era el sitio para mirar y evaluar la inclemencia de la sociedad ecuatoriana. Entre casas de barro –muchas de ellas abandonadas por migrantes- figuraban letreros de candidatos a concejales, prefectos, presidentes. Sus paredes eran los deshuesaderos de la política de este país.

Para entonces, la capital bullía en un momento político que no daba más: forajidos, rebelión y derrocamiento de un gobierno incompetente…

Ahora, unos años después, un equipo periodístico de Andes regresa en camioneta a esa parroquia del cantón Pujilí. Hay muchos cambios y al mismo tiempo cabe la certeza de que nada ha cambiado. El paraje es el mismo: un páramo duro azotado por el viento que congela los rostros.

La cebada sigue ahí, con su bajo precio y dependencia de las lluvias y sequías. La carretera ya no es de tierra –un primer cambio que nota este equipo- y muy pronto las maquinarias concluirán el asfaltado frente al ingreso al pueblito andino.  

Zumbahua es el espejo del país porque refleja lo que sucede en la ruralidad ecuatoriana, y con apenas 12 mil habitantes es testigo en primera fila de la transformación social y de un cambio de paradigmas en Ecuador.

Es temprano en la mañana y Jorge Espín abrió su tienda de abarrotes junto con su esposa Manuela Pilalombo. Pronto deberá ir a su trabajo en el hospital de la diócesis. Sin embargo es optimista, su charla denota alegría cuando describe que su hija vive en Latacunga y asiste a la universidad. Pero se enciende la cámara y su talante cambia; se pone serio, y un poco tímido. Al apagar la máquina vuelve a su alegre pasividad.

Dice con inocultable orgullo que es amigo del Presidente de la República. Tiene mucho sentido porque en 1987 Rafael Rafael Correa hizo un voluntariado con la misión Monterroso. Las condiciones que debió soportar fueron, sin duda, una escuela para el Mandatario.

-Le decíamos “rascabonito” (risas) y venía a tomar café con leche a nuestra casa; él nos recomendó enviar a las hijas a la universidad

-¿Rascabonito? ¿Por qué?

-Cuando llegó acá teníamos esa enfermedad y le cogió al señor Presidente.

- Luego volvió ya de Presidente y le saludábamos “oye, rascabonito, rascabonito” y él se reía mucho…

El mismo optimismo se percibe con Baltazar Guamán, conserje de la escuela del Milenio Cacique Cumbalá. Tiene 24 años cuidando del mismo espacio y narra que antes fue la hacienda de la reforma agraria; ahora hay 1.080 alumnos y 60 profesores. Los estudiantes están en vacaciones de verano, pero los pobladores pueden ir al edificio y aprovechar las canchas de vóley y básquet. Señala un espacio junto a la escuela y habla de un proyecto de coliseo cerrado que servirá para reunir a la comunidad.

El padre Pío, salesiano que está a cargo de la diócesis desde 2007, es un filtro para hablar de la población. Él es crítico de algunos cambios que llegan a la población, porque la migración continúa, la politización ha abierto bandos y no son todos los que han mejorado sus ingresos, comenta.

Sin embargo reconoce, en la oficina de la casa parroquial, que el gobierno trabaja con entusiasmo y dedicación por la población. Es preciso hablar con él sobre el buen vivir.

Este concepto abstracto, contemplado en un plan nacional, tiene como eje la vida de las personas y su realización, y utiliza al mercado para su servicio. Es la utopía de un país que decidió crecer en ese sentido; es un modelo que está en boga en encuentros internacionales y citas regionales en los que Ecuador tiene preponderancia.

Pero Zumbahua no es solamente una carretera, una escuela o un hospital. Es el reflejo de niños jugando, que es la imagen que despide a este equipo periodístico al filo de la misma carretera, donde hombres y mujeres siguen labrando su porvenir en el corazón de un país que ya no les da la espalda.

Comentarios

No sólo en Zumbahua Sr. Padilla, sino también en los sitios que, gracias a mis padres, he recorrido desde niño, llámense Guano, Guasuntos, Caluma, Shell, Mera, Daule, Durán, Jipijapa, La Cadena, etc., sitios a donde ibamos y veíamos la pobreza como algo normal, pero que nos hacía sentir mal por dentro ya que la palpábamos cada vez que nos bajábamos del transporte público que nos dejaba en los diferentes sitios; mi padre decía "algún momento va a llegar alguien a cambiar esto", lástima que no lo pudo ver, pero nosotros, sus hijos, sí y tenemos claro lo que nos está y seguirá dando la REVOLUCION CIUDADANA encabezada por el ciudadano PRESIDENTE RAFAEL CORREA DELGADO

CUANTA SATISFACCION SENTIMOS,LOS ECUATORIANOS AL MIRAR LAS OBRAS QUE POR TODAS PARTES ESTA HACIENDO NUESTRO PRESIDENTE,TAMBIEN SENTIMOS ORGULLO Y GRAN SATISFACCION POR EL PROGRESO DE ZUMBAHUA Y EL BIENESTAR DE NUESTROS HERMANOS.

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