Un beso al aire libre rompe el silencio en las parejas homosexuales (Video)

Activistas GLBT conmemoran el Día Mundial Contra la Homofobia. Foto: Eduardo Flores/Andes

Quito, 20 may (Andes).- Coloca su gorra hacia atrás. No quiere lastimar a su pareja al besarla. No tiene que agacharse mucho. Miden casi lo mismo: 1,60 aproximadamente. De su ancho jean oscuro, con bolsillos grandes, cuelga una cadena gruesa color plata que sostiene su billetera -en la que carga sus documentos de identidad. Una identidad que probablemente no quiere revelar o no coincide con la que su físico exhibe.

Pese a su masculina figura tiene un delicado rostro, con labios finos y pestañas largas, que se pierde entre el liso cabello castaño de su pareja. Ambas tienen senos pequeños, eso les permite abrazarse con facilidad. Un joven con camiseta de líneas verdes y blancas interrumpe el beso de sus compañeras y exhibe un cartel que dice: “Basta ya”. El letrero expresa la voluntad de los presentes: están cansados de la discriminación y la violencia

Ellas no son las únicas que, con un beso, demuestran su amor al aire libre. Gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales se reúnen para conmemorar el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia ante la mirada de decenas de curiosos. Gran cantidad de medios de comunicación también están presentes. ¡Y cómo no hacerlo ante un evento que rompe con el ambiente conservador de la capital ecuatoriana!

Desde un parlante sale la suave voz de un hombre que llama a todas las parejas de gays y lesbianas a concentrarse en el medio del parque. “Que viva el amor gay”, grita en el micrófono mientras el último hit de la cantante Shakira suena con fuerza. Los pasos de baile de los hombres son más sensuales que el de las mujeres. Sus caderas se menean de un lado al otro. Son libres.

No todos los días tienen la oportunidad de mostrarse como son. “La sociedad nos señala”, dice un joven de aproximadamente 20 años mientras toma la mano del hombre que está a su lado. Lo invita a bailar. En medio de la plaza bajan al ritmo de la música. Sus miradas no se separan y esperan con ansias la orden del animador del evento.

“A besarse en 5, 4, 3, 2, 1… ahora”. El apasionado beso espanta a un transeúnte quien, a sus 76 años, nunca había visto una demostración de amor entre dos hombres. “Jesús santísimo, solo a mi mujer se le ocurre mandarme a la tienda justo ahora”, dice mientras voltea su rostro para no ver el espectáculo.

Toma con fuerza su bolsa de panes y da media vuelta, sin advertir que atrás suyo está Destiny. Con su brazo golpea sin intención la parte trasera de la alta figura que, agachada, amarra los cordones de sus botas negras. El hombre, asombrado, abre los ojos  y da media vuelta nuevamente. No pide disculpas.

Destiny ríe, está acostumbrado a "las malas caras", dice. Él no sentía atracción ni por hombres ni por mujeres hasta que cumplió 19 años. “¿Hace cuánto cambiaste tu figura?”. “No, no, no yo no soy transexual. Esto es un acto transformista, soy transgenerista”, pronuncia con sus labios pintados de un rojo intenso. El olor del maquillaje con el que cubre su cara se percibe a metros de distancia. Ella –o él- está feliz. “Yo soy gay”, dice con una sonrisa con la que da media vuelta y se une bailando al grupo.

Los activistas disfrutan de los sesenta minutos que tienen autorización para su evento. Los espera una obra de teatro en la que verán reflejados sus sentimientos y su criticado estilo de vida. Al terminar la función volverán a la realidad en la que han vivido durante años. Una realidad de discriminación, burlas y violencia a la que le dicen "basta ya".

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