Venezolanos de bajos recursos consiguen enrumbar sus vidas con apoyo del albergue San Juan de Dios (VIDEO)

01 de Abril de 2018 - 11:00
Agencia Andes

Un equipo de Andes visitó el albergue San Juan de Dios en el centro de Quito, donde hasta 10 venezolanos migrantes llegan diariamente para solventar necesidades y continuar su lucha diaria en búsqueda de una mejor vida.

Quito, 4 abr (Andes). – A las cinco de la tarde la temperatura desciende en Quito y con la lluvia se acrecienta el frío, condiciones duras para las personas de bajos recursos económicos que buscan un sitio donde refugiarse del cambiante clima de la capital ecuatoriana.

El albergue San Juan de Dios, ubicado en el sector San Diego del centro de la ciudad, es un remanso para quienes han perdido la brújula o llegan de otros parajes de la geografía suramericana.

Andes visitó esta casa-hogar en pleno apogeo de la larga fila que hacen en para su entrada ciudadanos tanto nacionales como de diferentes países, que arriban por las buenas referencias que reciben de este sitio en cuanto al trato, cuidado y atención para ayudarles a afrontar su realidad.

Al entrar al recinto, el visitante se encuentra con una enorme sala común, que tiene como centro la figura de Juan de Dios, un santo portugués quien fuera enfermero y fundador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en 1572.

En la planta baja, se encuentran varias salas de espera, sitios de atención social y un gran comedor, donde prevalece la higiene, el orden y un comportamiento adecuado de sus inquilinos. 

Un piso más arriba, se encuentran las habitaciones, unas reservadas para los hombres y otra para mujeres, separados por un gran pasillo y varias puertas. En un solo gran cuarto, se hallan varias decenas de camas,  cada una con una cobija delgada y un edredón, correctamente tendidos.

Unos llegan a San Juan de Dios en medio del abandono por parte de sus familias, otros que viven en la calle y buscan una solución temporal a su situación y también están los migrantes, mayoritariamente de nacionalidad venezolana, seguidos de los colombianos.

A los venezolanos, fundamentalmente hombres, se les identifica porque casi siempre llevan gorras y camisetas con la insignia de su equipo de fútbol y también por su tono al hablar.

Según estimados, actualmente reciben atención allí entre 300 a 320 ciudadanos venezolanos, a quienes se les ofrece alojamiento, alimentación, vestimenta, rehabilitación, trabajos sociales e incluso capacitaciones para que puedan reinsertarse nuevamente al mercado laboral informal.

En una de las salas de espera, estaba Rodman Pedrosa, un joven venezolano de apenas 21 años de edad, que había llegado al país hacía apenas cinco días luego de una travesía por varias ciudades colombianas como Cúcuta, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Ipialies hasta llegar a la localidad ecuatoriana de Tulcán, fronteriza con Colombia.



“Estoy muy agradecido al pueblo de Tulcán, que gente tan maravillosa, se portaron con nosotros de maravilla, nos hicieron sentir en casa, no hubo xenofobia”, dijo con ahínco Pedrosa a esta agencia de noticias. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Pedrosa proviene del estado Táchira de Venezuela, donde fue miembro del cuerpo policial Politáchira; ahora, tras dos meses de estar desempleado en Colombia, decidió viajar a Ecuador en la búsqueda de una mejor oportunidad, a la vez que va descubriendo en él habilidades para lograr su sustento económico y salir adelante hasta lograr una estabilidad en sus ingresos.

“Verá, descubrí que era bueno en jardinería, criando pollos, también como en albañilería, o sea, fueron cosas que nunca había trabajado y que, de la noche a la mañana, las aprendí rápido. Solamente prestando atención, teniendo constancia y disciplina, logré aprender las cosas rápidamente y las personas quedaron maravilladas conmigo”, indicó el joven.

Con solo pocas pertenencias encima, la meta final de Rodman es llegar a Chile, donde afirmó que tiene varias amistades que le asistirán con hospedaje en su acoplamiento en ese país.

Luchar el día a día y ayudar a la familia

Entre las principales razones por las cuales cientos de ciudadanos de nacionalidad venezolana llegan a Ecuador son económicas, en búsqueda de formas de enviar dinero a sus familiares que se quedaron en su país, según sus testimonios.

En el albergue San Juan De Dios reciben por las tardes ayuda material como cobijas, colchones y enseres, mientras que por el día la mayoría de ellos ejerce el comercio informal.

“Me tocó vender jugo de coco con los haitianos, después fui reuniendo y reuniendo (dinero), después compré fundas (de caramelos) e inciensos, todos los días yo camino para vender y poder mandar para allá (Venezuela), pero no tengo oportunidad para juntar los reales y pagar una habitación, que son 60, 80 o 100 dólares”, aseveró Carlos Prieto, un venezolano de 55 años de edad.

Carlos Pietro contó su historia con detalles, mientras recordaba sus vivencias en Venezuela, su tránsito en Colombia y su llegada a Ecuador. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Prieto, procedente de la ciudad de Coro donde trabajaba en un almacén, explicó que partió de su país los primeros días de enero de este año, luego en Cúcuta vivió bajo un puente por 20 días y trabajó en un mercado mayorista durante las noches cargando sacos de comida. Relata que el trabajo era muy duro y no le alcanzaba el dinero que ganaba en pesos colombianos.

“Llegué a Rumichacha el 20 de febrero, solo (…) una señora me dijo ‘váyase para el albergue’, me vine para acá, preguntando llegué aquí (…) me han brindado el apoyo y estoy agradecido”, agregó este ciudadano venezolano, quien tiene como plan futuro quedarse un tiempo más en Quito para seguir enviando remesas a su familia, que tanto lo necesita.

Una joven mochilera con destino a Perú

Kimberly Gutiérrez, también venezolana de 25 años de edad, había llegado a Quito hacía apenas cuatro días cuando esta agencia de noticias la contactó.

Relató que partió de su ciudad natal La Victoria, en el estado venezolano de Aragua,  junto con un grupo de amigos, y precisó que “vinieron prácticamente caminando desde Venezuela” hasta Ecuador.  Afrontó dificultad de conseguir trabajo en ciudades colombianas como Bogotá, donde “ya hay muchos venezolanos y la xenofobia es algo complicado allá”.

Desde que llegó a la urbe ecuatoriana, Kimberly no ha sentido ningún tipo de discordia social en el país. En Venezuela estudiaba Psicología y está dispuesta a ejercer el comercio informal hasta ahorrar al menos 50 dólares, que le ayudarán a llegar hasta Perú, donde espera asentarse definitivamente con el apoyo de varias amistades.

Kimberly contó que se cortó su largo cabello en Venezuela para venderlo y así reunir un poco más de dinero para poder emigrar. 

En este sitio, el hermano Francisco Manzano, quien se encarga de la oficina de donaciones del albergue San Juan de Dios, señaló que este hogar está cumpliendo 30 años de servicio. Antes estaba ubicado en el sector El Tejar de Quito y luego se trasladó al sitio actual.

Manzano, un adulto mayor de 72 años y de origen español, enfatizó que en el año 2017 se recibieron a unos 36 venezolanos, pero entre enero y marzo de 2018 llegaron más de 300.

“No solamente los atendemos, sino procuramos darles cursos para que la persona se forme (…) hemos hecho cursos de panadería, de peluquería, de corte y confección, de limpieza, allí se preparan y pueden tener más acceso a la sociedad”, dijo Manzano.

Señaló que el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) ayuda al albergue con un total de 50 personas y consigue donaciones de personas particulares a través de débitos bancarios.

Como parte de sus actividades internacionales, el Hermano Manzano informó que la primera semana de abril partirá a Venezuela en apoyo de sus hermanos, ubicados en un hospital de niños en Caracas y en el hogar clínica San Rafael en Maracaibo.

Un refugio para todos

Inicialmente, cualquier persona que llegue a este centro de ayuda puede obtener hospedaje y alimentación en el transcurso de 10 a 15 días continuos, dependiendo de su situación, donde muchos llegan con pocos recursos económicos, pertenencias e incluso, sin documentos de identificación.

“Nosotros recibimos a toda la población venezolana, colombiana, peruana, tenemos a dos personas de República del Congo, una francesa, es el mismo trabajo con todos”, dijo la trabajadora social del albergue San Juan de Dios, Vanessa Andrade.

Esta institución, que consta de varias salas de espera, un total de 307 camas, un gran comedor y confortables áreas comunes, también está vinculado con instituciones como la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana y el Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Pichincha.

En la imagen, se muestra la sala de espera más grande de la casa hogar, donde sus acogidos esperan entrar a las habitaciones mientras ven la televisión, juegan barajas y se conocen entre ellos. Foto: Carlos Rodríguez/Andes

Egleth Noda, lideresa y fundadora de la organización denominada ‘Chamos venezolanos en Ecuador’, que funciona como un colectivo, señaló a Andes que mantiene actualmente un estrecho trabajo de colaboración con el San Juan de Dios, donde tienen permisos para atender especialmente a sus paisanos.

“La gente del albergue San Juan de Dios está haciendo un trabajo extraordinario, con nuestros pocos recursos hemos ofrecido llevar una donación de ropa por la cantidad de mujeres y hombres que entran ahí”, indicó Noda, quien es doctora de profesión.

La joven, profesional en Medicina, enfatizó que, sin embargo, no apoya la migración no planificada o con bajos recursos, aunque “hay muchas historias de ellos”, donde priman asuntos delicados económicos y de salud.

La próxima meta de esta organización venezolana en Ecuador consiste en registrarse como una Organización No gubernamental (ONG) para otorgarle una personalidad jurídica. Por ahora ya tienen en reserva el nombre que le darán a este colectivo y cuentan con reconocimientos en Ministerios.Próximamente esperan hacer un recorrido por medios de comunicación para llegar a más venezolanos y ecuatorianos.

Logo oficial de la organización ‘Chamos venezolanos en Ecuador’.

En búsqueda de un análisis sobre las causas de esta migración con muy escasos recursos que está utilizando a Ecuador como tránsito, fundamentalmente, y también como destino final, el politólogo Johnny Castro, de origen venezolano radicado en Ecuador, manifestó que este tipo de migración es “multicausal”, ya sea de carácter geopolítico y económico, que se ha realizado en fases y en la que en los últimos dos años ha registrado un alto porcentaje de jóvenes que no pudo culminar sus estudios profesionales.

“Esto hace que su inserción en otro país se dificulte, ya que no tienen un título universitario, pocas experiencias laborales, esto los pone en una doble vulnerabilidad”, dijo Castro a este medio de comunicación de Ecuador.

Aseveró que en diversos grupos venezolanos se ejerce la migración no planificada que desconocen el país a donde se dirigen, ni cuentan inicialmente con los papeles necesarios u ahorros suficientes para subsistir por un tiempo. Vio como positivo que en países como Ecuador se han creado muchos círculos de solidaridad de venezolanos para ofrecer información, asesorar y apoyar en asuntos alimentarios, medicinales y materiales.

Según cifras del Ministerio del Interior de Ecuador, unos 227. 810 venezolanos entraron a través del puente internacional Rumichaca sólo en el año 2017.  De ese total, unos 156.622 salieron por la frontera sur ecuatoriana para seguir su camino a Perú y otros destinos latinoamericanos, con lo cual se estima que alrededor de 71.188 se quedaron en Ecuador, pero la cifra exacta varía cada día.

La embajadora de Venezuela en Ecuador, Carol Delgado, reconoció la víspera que en su país existen problemas no resueltos como en cualquier sociedad, pero aseguró que afronta una agresión constante en los últimos 20 años, con un boicot económico y financiero por parte de EE.UU. y aliados, que ha depauperado las condiciones de vida, causando sufrimiento y penuria en su pueblo. A ello se suma lo que calificó como una guerra mediática.

"Venezuela es un país que está lejos de ser perfecto, tenemos muchos problemas, somos un país en vías de desarrollo con todo lo que eso significa, con una economía primarizada, como son la mayoría de las economías en América Latina y todavía con muchas falencias", dijo, e instó a la prensa ecuatoriana "a buscar la verdad" sobre Venezuela.

Llamó la atención respecto a que su nación posee reservas certificadas de petróleo por 298.500 millones de barriles, aunque datos oficiales a noviembre de 2017 serían de 300.878.033 millones de reservas probadas y certificadas, provenientes de la faja petrolífera del Orinoco. La diplomática citó que el Servicio Geológico estadounidense ha estimado que las sus reservas estarían sobre los 500.000 millones.

En tanto, el gobierno de Venezuela atribuye el asedio al interés de EE.UU. de controlar ese recurso natural y alega que ello ha llevado a su gobierno a incursionar en otras latitudes.

vv/dvm/yp

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